domingo, 28 de junio de 2015

El Estado Islámico y la guerra posimperial

24 cosas de ISIS y Al Qaeda que no quieren que sepas: http://www.nuevatribuna.es/articulo/mundo/24-cosas-isis-y-al-qaeda-no-quieren-sepas/20150526101131116367.html

La guerra de Siria-Irak es el conflicto ejemplar de nuestro tiempo; el que sigue a la difuminación del poder de dos grandes imperios, EE UU y la URSS, que, aunque no sin sobresaltos, estabilizaban la geopolítica mundial. Desde la implosión soviética en 1989-91 y a comienzos de siglo cuando se frustró en Asia la ambición norteamericana de hacer unipolar lo que era bipolar, se ha producido en Oriente Medio una reacción en cadena de realpolitik regionales, enfrentadas en el escenario global. Es un nuevo ‘desconcierto’ de las naciones.

Teatro de la Guerra. Siria e Irak, algo más de 670.000 kilómetros cuadrados, de los que se combate en cerca de dos tercios del territorio.



Contendientes. Siete fuerzas se alinean en un entramado de alianzas y oposiciones, en que la noción de amigo y enemigo resulta irreconocible. Estas son el Gobierno sirio de El Asad; los rebeldes contra Damasco; el Gobierno de Bagdad; las milicias chiíes, también de Irak; el cuerpo expedicionario iraní; los kurdos; y el Estado Islámico (EI) —o Daesh—, el terrorismo de obediencia suní.

Alianzas. Los seis primeros tienen una sola cosa en común: combatir a los yihadistas, que quieren hacer tabla rasa de geografía y política para instalar un califato, germen de una hipotética unidad del mundo árabe. Su alineamiento es el siguiente: las tropas de élite de El Asad, atrincheradas, tienen a raya al califato y machacan cuando los encuentran a los rebeldes suníes; estos últimos, militarmente omisos, solo cuentan como comparsa si un día se negocia la paz; el Ejército iraquí presta la masa a las operaciones contra Daesh, en las que llevan la voz cantante los guardias revolucionarios de Teherán; unos y otros cuentan con las milicias chiíes que, aun siendo de la misma rama islámica de Irán, tratan de preservar un grado de autonomía para Bagdad; y los kurdos que pelean nominalmente junto a Bagdad, pero que tienen su propia agenda para conseguir un Estado independiente o vagamente vinculado a Siria e Irak.

Antiguos Poderes Imperiales. Si en algo se aprecia el desmedro internacional de las dos superpotencias es en el poco caso que les hacen los contendientes. Washington apoya la lucha contra el EI, pero se encuentra en el mismo bando de sus enemigos, Damasco y Teherán, con los que solo puede negociar dando toda clase de explicaciones a la opinión norteamericana, soportando los desplantes del Israel de Netanyahu, y viendo como Irak se alinea con el chiismo iraní. Y Moscú debe contentarse con prestar apoyo diplomático a Siria e Irán, pero más por revivir algo de la antigua bipolaridad que por gozar de influencia real en la zona.

El mundo posimperial será crecientemente un magma desarticulado, en que el encuadramiento de alianzas resulte gravemente dudoso; donde Ucranias cambien de bando al mejor postor o al que mayor amenaza proyecte; con una fuerte tentación al repliegue de la única superpotencia en activo, EE UU, como interpreta sin demasiada fortuna, el presidente Obama; y las fuerzas no estatales como Al Qaeda, o solo en embrión de serlo como Daesh, en un mundo árabe-islámico donde la revolución no se ha transformado en democracia, encontrarán las mayores facilidades para hacerse temibles. Oriente Medio apenas ha comenzado a agitarse.


Entrevista de Íñigo Sáenz de Ugarte

Loretta Napoleoni ha escrito varios libros sobre terrorismo internacional, en especial sobre las vías de financiación que utiliza y su impacto económico en Occidente. Ahora se ha atrevido a publicar un libro sobre ISIS ( El fénix islamista. El Estado Islámico y el rediseño de Oriente Próximo, publicado por Paidós), aunque reconoce que aún no se conocen elementos claves sobre el funcionamiento del grupo yihadista y que muchas de las informaciones que aparecen en los medios de comunicación son como mínimo inexactas. Cree que hay muchas diferencias entre el grupo que se autodenomina Estado Islámico y Al Qaeda, y está convencida de que sólo ha podido llegar tan lejos gracias a la guerra de Irak, originada tras la invasión norteamericana, y a la guerra civil de Siria, que ha convertido el norte del país en una especie de Estado fallido.

Sobre la amenaza del ISIS estamos oyendo ahora las mismas frases y pronósticos que escuchamos sobre Al Qaeda después del 11S. ¿Por qué deberíamos estar ahora más preocupados?

Estado Islámico es un Estado, Al Qaeda nunca lo fue. Se quedó en el Afganistán de los talibanes. No tenía un control de ese territorio. Al Qaeda tenía como objetivo final el califato, pero fue siempre como un sueño para ellos. Su objetivo era atacar lo que se llamaba el enemigo lejano, principalmente EEUU. Fue una organización tradicional saudí, muy piramidal. No fue una organización horizontal, como es el Estado Islámico. Al Qaeda fue un producto de la guerra contra los soviéticos, financiada por EEUU y los saudíes.

El origen de Estado Islámico es diferente. El grupo inicial surge del salafismo radical de Jordania que se opone a la decisión del Gobierno jordano de reconocer a Israel. El enemigo no es EEUU, es un enemigo muy cercano, el Gobierno de Jordania. Su filosofía política consiste en luchar contra los gobiernos corruptos de Oriente Medio. El objetivo del grupo de Al Zarqaui (líder de Al Qaeda en Irak, grupo del que formó parte el actual líder del ISIS) fue siempre constituir el califato y después empezar una guerra de conquista.

ISIS es producto de dos guerras, la de Irak y la de Siria. Sin esas guerras, es imposible que se hubiera desarrollado tanto. Sin los errores de otros actores, no hubiera ampliado su poder.

Sí, sin la guerra de 2003 (la invasión de Irak) ISIS no habría podido existir. No sería un grupo tan fuerte ni tan organizado. Sus miembros son profesionales de la guerra. Llevan una generación entera luchando. En 2010 era un grupo muy débil después de que Amanecer de Irak (las tribus suníes) se enfrentara a ellos. Por eso, cruzaron a Siria, donde prosperaron gracias a la guerra civil.



No puede haber califato sin califa. ¿Qué sabemos de Al Bagdadi, su líder?

Tiene la autoridad religiosa que Al Zarqaui no tenía. Tiene un conocimiento profundo de la teología y también la autoridad política, porque al salir de Camp Bucca (la prisión norteamericana en Irak donde Bagdadi estuvo preso varios años) fue elegido líder del grupo. Hasta ahora, no sabemos bien si la decisión de crear el califato procedió sólo de él o de un grupo. No se conoce muy bien la estructura de la dirección del grupo. Lo que sabemos es que todos son iraquíes, no hay sirios u otros extranjeros. Tienen mucho pragmatismo en sus relaciones con la población local suní, como la decisión de dejar la explotación de recursos petrolíferos o el agua a la población local, creando empresas comunes.

Decía que es una organización horizontal. ¿Eso quiere decir que muchas decisiones sobre el terreno no las toma Al Bagdadi, sino los jefes locales?

Sí, los grupos que luchan tienen como referencia a sus jefes locales a los que juran lealtad. Su funcionamiento es horizontal y eso les va muy bien.

En los últimos días tropas iraquíes intentan recuperar Tikrit con la ayuda de Irán. ¿Puede ser eso una ayuda indirecta a la propaganda de ISIS en Irak y Siria?

La propaganda de ISIS dice que los iraquíes chiíes están luchando junto a los iraníes, y que sólo ellos son los auténticos defensores de los suníes. El califato es suní y se establece sobre un territorio suní. La presencia de tropas extranjeras, como iraníes, sería una confirmación de lo que ellos dicen.

Hay muchas teorías que denuncian la connivencia entre el Gobierno de Asad e ISIS. ¿Debemos tomarlas en consideración?

El Gobierno de Asad sólo controla el sur y el este del país. En el norte imperan los grupos yihadistas. Asad no puede reconquistar el norte, y por eso la mejor política para él es quedarse donde está y seguir defendiéndose. Si los yihadistas luchan entre ellos, como está ocurriendo, tanto mejor para Asad. Ahora estamos viendo que el trabajo de luchar contra ISIS lo hacen los norteamericanos con los drones y los ataques aéreos. Es una situación casi surrealista.

¿Cuál es entonces la prioridad para ISIS? ¿No es tanto derrocar a Asad, sino consolidar su dominio en las zonas que controla?

La prioridad para ISIS es desarrollar el califato y conquistar Bagdad. Para ellos sería una gran victoria simbólica por lo que representa Bagdad. Pero no creo que esté a su alcance conseguirlo. Su potencia militar no es suficiente para eso.

Los gobiernos europeos afirman que la amenaza de ISIS sobre Europa es de la máxima gravedad. ¿En qué se basan para eso?

Eso es propaganda porque hay que justificar el gasto militar y el uso de drones en Oriente Medio. No supone una amenaza tan grande como la de Al Qaeda, que tenía una organziacion centrada en lanzar ataques sobre Occidente. El máximo interés de ISIS es desarrollar su califato en Oriente Medio. Los ataques en Occidente son llevados a cabo por gente que quiere hacer algo por la creación de ese califato pero que no puede ir allí para luchar. El mensaje que les llega es 'haced lo que podáis por el califato', pero ISIS no está en condiciones de controlar esos ataques. La amenaza no es tan grave, pero es grave en el sentido de que puede haber un ataque en cada lugar de Europa. ¿Cómo parar estos ataques cuando no hay una organización que los dirija y las personas que lo hacen no tienen contacto con ese grupo?

Fuente: http://www.eldiario.es/internacional/ISIS-Siria-Napoleoni_0_368163904.html


El proceso de desbaazificación que impuso la Administración Bush ha acabado con la irrupción del Daesh en esa amplia zona sin ley en la que campa entre Irak y Siria

ANÁLISIS

El rey de tréboles y el armario de Blair. JOAN CAÑETE BAYLE

25 DE NOVIEMBRE DE 2015

Cuando uno busca en los cajones corre el riesgo de encontrar algo. El otro día estaba en ello y tropecé con la que probablemente es la baraja de cartas más infausta de la historia: la que creó Estados Unidos en el 2003 con motivo de la guerra de Irak para ayudar a sus tropas a identificar a las figuras más prominentes del régimen de Sadam Husein. Mi baraja no es la oficial, es una versión de baratillo que compré en un mercado de Bagdad en abril del 2003. Extraje un naipe al azar y allí estaba, mirándome con su bigotito pelirrojo, saludando marcialmente a la cámara, de uniforme y con una boina militar, el rey de tréboles, Izzat Ibrahim al Douri. Fue un golpe de efecto del azar, ya que la vida de Al Douri --el dirigente de mayor rango del régimen de Sadam que logró escapar de los soldados de Estados Unidos a pesar de que sobre su cabeza pendía una recompensa de diez millones de dólares-- es historia viva de Oriente Medio, de lo que fue y de lo que es ahora. Confieso que cuando me enteré de lo que parece su definitiva muerte el pasado mes de abril pensé que me encantaría titular un perfil suyo como “Tal vez el hombre más influyente del Oriente Medio actual”, aun a sabiendas de que es un mal título y de que sería una licencia tal vez excesiva, puesto que hay muchos que compiten por ese puesto con argumentos muy sólidos.



Por ejemplo, Paul Bremer. Muchas veces he imaginado a Bremer, en el atuendo de traje, corbata y botas militares que lo hizo famoso, sentado en su despacho de la zona verde de Bagdad con una pluma en la mano y ante él dos documentos. El 16 de mayo del 2003, el jefe de la ocupación estadounidense de Irak firmó la llamada Orden Número 1 de la Autoridad Provisional de la Coalición, por la que prohibió el partido Baaz y que sus miembros trabajaran en la administración del nuevo Irak. El 26 de mayo, firmó la Orden Número 2 de la Autoridad Provisional de la Coalición, por la que desmanteló el Ejército iraquí. No se entiende lo sucedido desde entonces en Irak (y después en Siria) sin la firma de estos dos documentos. El proceso de desbaazificación que impuso la Administración Bush y que empezó con esas dos firmas ha acabado con la irrupción del Daesh en esa amplia zona sin ley en la que campa entre Irak y Siria. Del Baaz al Estado Islámico, por decirlo en formato de tuit. A eso se refería Tony Blair cuando recientemente, y adelantándose a la que probablemente le va caer encima cuando se publique el denominado Informe Chilcot, dijo: “Pido disculpas por nuestro error en entender qué sucedería después de derrocar el régimen” (en Irak)
Lo que sucedió fue, entre otras cosas, Izzat Ibrahim al Douri. Tikriti de origen como Sadam y superviviente del núcleo que protagonizó el golpe de Estado de 1968, cuando empezó la guerra Al Douri era el número dos del régimen (vicepresidente del Consejo del Mando de la Revolución) y, como tal, era conocido por su mano dura en la represión y asesinato de miles de kurdos y chiíes. Con la caída del régimen, Al Douri, junto a muchos de esos cuadros medios suníes y sufíes del Baaz con formación militar (o exmilitares) que los dos papelitos firmados por Bremer habían dejado fuera del Estado, sin trabajo ni posibilidad de tenerlo, se pasó a la clandestinidad y empezó a formar la insurgencia bajo dos premisas: su carácter suní (por lo tanto, enfrentada a los chiíes que se disponían a gobernar el país junto a los invasores con su propia dosis de sectarismo larvada durante décadas de sangre, discriminación y represión) y su rechazo a los ocupantes.

Con sus contactos en Siria intactos, Al Douri formó muy pronto el núcleo de lo que sería su milicia, el Ejército de los Hombres de la Orden Naqshbandi, y se convirtió en el líder de lo que quedaba del Baaz en Irak. Entre el 2003 y la salida de las tropas estadounidenses ordenada por Barack Obama, el rey de tréboles se convirtió, a ojos del espionajes estadounidense, en uno de los hombres clave de la insurgencia. Washington considera que desde el principio Al Douri trabajó con Al Qaeda, formando esa alianza entre islamistas, líderes tribales suníes y exmilitares y cuadros del Baaz que en algunos aspectos era antinatura pero que se sustentaba en su carácter suní, su oposición a Estados Unidos y su odio a las milicias chiíes y, por tanto, al Gobierno de Irak y a Irán, un actor clave. En la red de redes de la insurgencia, Al Duri proporcionaba experiencia, organización y reputación. En esos tiempos, varias veces se informó, erróneamente, de su muerte.



El pacto con el islamismo, decíamos, era antinatura. Primero porque el ideario del Baaz es laico, y tradicionalmente sus principales enemigos interiores habían sido los islamistas. Segundo porque Al Duri era sufí, una corriente del Islam que el fundamentalismo al estilo Daesh rechaza. Pero Al Duri había construido después de la primera guerra del Golfo vínculos con elementos religiosos de Irak al dirigir lo que se llamó la Campaña de Regreso a la Fe que impulsó el régimen después de la derrota en la aventura belicista en Kuwait. En aquellos tiempos se construyó la mezquita de la Madre de Todas las Batallas en Bagdad, se incorporó a la bandera de Irak la inscripción Allahu Akbar y Al Duri permitió a los religiosos sunís mayor radio de acción política al mismo tiempo que endurecía la represión contra los chiíes. El Baaz se encerraba en sí mismo y sacrificaba sus principios ideológicos de panarabismo laico (a aquellas alturas, prácticamente inexistentes, todo hay que decirlo) por pura superviviencia ante los que había señalado como enemigo exterior e interior. Tras la invasión, cuando los suníes se vieron amenazados por los chiíes, sus milicias y el nuevo Gobierno, los jefes tribales se convirtieron en aliados naturales de Al Duri. Pero el germen estaba allí antes de la invasión para quien quisiera verlo. Obviamente, ninguno de los que intercambiaron chascarrillos en la cumbre de los Azores quiso. Lo siento por Tony Blair, pero ni la ignorancia ni los famosos “informes erróneos del espionaje” son eximentes ni atenuantes.

Problemas de salud parecieron sacar a Al Duri de la escena (que no a su milicia) hasta que el Daesh hizo su entrada triunfal en la escena internacional al ocupar Mosul y Tikrit en el verano del 2014. Entonces, Al Duri reapareció en una cinta de audio en la que animaba a los suníes a unirse a las filas del Estado Islámico.

A partir de entonces, mucho se ha escrito sobre la relación (sujeta a altibajos) de Al Duri en particular y de lo que queda del baazismo en general con el Daesh. En un famoso reportaje, The Washington Post afirmaba que el Baaz aportaba líderes militares, entrenamiento y las redes de contrabando construidas en los 90 para romper el bloqueo internacional a Irak. En otro artículo, The New York Times cita directamente al Ejército de Naqshbandi del rey de tréboles. En una especie de reivindicación a posteriori, los servicios de espionaje establecen ahora el vínculo entre el Baaz y el islamismo de Al Qaeda y Daesh que esgrimieron erróneamente en el camino a la guerra cuando relacionaron el 11-S con Sadam Husein. Entonces erraron, y ahora también erran al considerar que el vínculo que pueda haber hoy es la prueba de que entonces acertaron. Lo de ahora es consecuencia de ese error garrafal, de esa baraja en la que Al Duri era el rey de tréboles y que encontré el otro día en uno de mis cajones.

Se puede discutir la medida de implicación de lo que queda del baazismo en Daesh, no que existe. Ambas partes consideran como enemigos a los chiíes, Irán, el Gobierno de Bagdad y las potencias extranjeras, y ambas partes cuentan con el apoyo de los suníes iraquíes que se consideran abandonados por el Gobierno en la última década. El pasado abril, se anunció la muerte de Al Duri otra vez en un combate entre sus milicianos y guerrilleros chiíes en las montañas de Talal Hamrin, cerca de Tikrit. Para probar su muerte, los milicianos chiíes organizaron un marcha por Bagdad para mostrar su cadáver, con su identificativa barba pelirroja, dentro de un ataúd de cristal. El desfile fue retransmitido por la televisión iraquí en directo.


Las fotos de Al Duri en el féretro transparente poco tienen que ver con la altivez con la que saluda marcialmente en la fotografía que ilustra el naipe del rey de tréboles. Algo similar sucede con el propio Sadam Husein, de quien la última imagen que tenemos es la de su ejecución en la horca en el 2006. Es inevitable al repasar uno a uno los naipes de la baraja recordar las voces que se alzan desde Occidente tras barbaridades del Daesh como la de París exigiendo al mundo árabe su Ilustración, un proyecto modernizador. Nadie parece recordarlo, pero ese era justamente el proyecto fundacional del Baaz. El inconveniente es que, entre otras iniciativas, decidió nacionalizar los pozos de petróleo para que dejaran de estar en manos de empresas de antiguas potencias coloniales. Si hablamos solo de Irak, este país lleva en guerra ininterrumpida con Estados Unidos desde la primera guerra del Golfo. Cambian los presidentes (Bush, Clinton, Bush, Obama), los enemigos y los ‘casus belli’, lo que no cambia es EE. UU. haciendo la guerra en Mesopotamia (y eso si no contamos que la guerra Irán-Irak también fue una guerra que Washington combatió de una forma u otra, que es ser muy generoso no hacerlo). ¡Así cualquiera se vuelve ilustrado! Como decíamos antes: del Baaz al Estado Islámico, ese es el resumen del proceso de involución que tan bien personifica el rey de tréboles.



Cuando Blair pide perdón, cuando se habla del vacío político en el que ha nacido el Daesh, cuando se establece un vínculo entre la invasión del 2003 y los atentados de París, la tendencia es pensar que esa relación es emocional: los musulmanes y árabes humillados, empobrecidos y furiosos que se echan en brazos del Estado Islámico porque ya no tienen nada que perder. Hay mucho de eso, sobre todo, como motivación. Pero también hay consecuencias, causas y efectos, correlaciones de fuerzas. Mover una pieza en un tablero tan complejo equivale a la redistribución de todas las demás y a la creación de nuevos escenarios en la partida. Por ese motivo pide perdón Blair, porque en efecto fue un error no entender qué sucedería después de derrocar el régimen. Pero la ignorancia, decíamos, no es eximente ni atenuante, al margen de que es muy generoso considerar que quienes asistieron a las Azores eran unos ignorantes y no unos dirigentes políticos con unas ideologías e intereses concretos que en el mejor de los casos eligieron qué informes oír y cuáles desechar y en el peor, ni eso. De la misma forma, el perdón y la justicia son asuntos diferentes. Porque si yo rebuscando en mis cajones encuentro una versión de  baratillo de la famosa baraja, ¿qué aguardará a Blair cuando abre su armario?

Fuente: http://ctxt.es/es/20151125/Politica/3138/Izzat-Ibrahim-al-Douri-Sadam-Husein-Estado-Islamico-Irak-Siria-Administracion-BushBlair-baraja-cartas-Oriente-Medio-Par%C3%ADs-13-de-Noviembre.htm

Judas El Miserable - La Frontera:


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