24 de marzo de 2018

Santiago Armesilla: "Ser comunista en España conlleva defender la unidad en sentido centralista y no ser izquierdista indefinido"

Publicado por: Arturo C. Fernández-Le Gal



Santiago Armesilla es Doctor en Ciencias Políticas. Su último libro "El marxismo y la cuestión nacional española" (El Viejo Topo, 2017) ha generado debate en la izquierda de nuestro país por plantear un proyecto marxista para España que se enfrenta con la visión de la mayoría de los partidos, sindicatos y asociaciones. Además de los aspectos fundamentales de su libro hemos querido conocer su opinión sobre los retos a los que se enfrenta el pensamiento marxista en el contexto de caos ideológico en el que está sumido tras la caída de la Unión Soviética.


¿Qué razones te llevaron a escribir "El marxismo y la cuestión nacional española"? 

Yo he estado años investigando sobre la cuestión nacional en textos clásicos del marxismo-leninismo. La ausencia de un libro que en concreto tratara estas cuestiones respecto de España siempre me llamó la atención. Cuando en 2006 me hice con los Escritos sobre España que la Fundación de Investigaciones Marxistas editó junto a Trotta en el año 1998, me di cuenta de que Marx y Engels sí habían trabajado bastante en su análisis sobre España, y me llamó tremendamente la atención que ningún partido político dizque marxista en España haya tomado en consideración lo que se decía ahí a la hora de conformar un proyecto marxista para España. Cuando más adelante leí lo que sobre la nación y el Estado decían Lenin y Stalin, así como Rosa Luxemburgo, entendí que, en verdad, era imposible que ningún partido político, sindicato de clase o asociación cultural que se definiese marxista tuviese un proyecto para España porque no ha existido nunca, en realidad, un proyecto marxista para España. 

Esto tiene dos lecturas, tanto antimarxista como marxista. La lectura antimarxista equivale a pensar que la idiosincrasia española es incompatible con el marxismo, que "Marx no encaja en lo hispano", como me dijo un sujeto una vez. Sin embargo, esto es absurdo. El materialismo histórico de Marx es encajable en cualquier tipo de sociedad política y es aplicable a todas las culturas, como ha probado el siglo XX, cuando sociedades tan disímiles entre sí como Cuba, Granada, Corea, China, Rusia, Yemen del Sur, Angola o Polonia han podido tener regímenes inspirados en el marxismo. No hay esencialismos culturales que hagan incompatible una sociedad política particular con una doctrina filosófica, económica y política raciouniversalista como la marxista. Por eso, lo que nos queda es la explicación marxista, que a mi juicio consiste en afirmar la tesis de que no ha existido nunca en España un marxismo netamente español, y por extensión, no ha existido en el mundo de habla hispana un marxismo construido y pensado en español, no en alemán, en ruso o en chino. Lo más cerca, a nivel filosófico, es el materialismo filosófico de Gustavo Bueno, que incluye el materialismo histórico en su cuerpo doctrinal, por mucho que digan algunos buenistas ahora que quieren separar a Bueno de Marx. 

Es más, a nivel político esto tiene implicaciones históricas muy importantes, sobre todo en lo que respecta al comunismo patrio. Yo me atrevo a afirmar que quien no sostenga las tesis de mi libro, que no son mías, que son las de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Rosa Luxemburgo, pionera del bolchevismo occidental y puente político y doctrinal entre la revolución rusa de octubre y Europa occidental y América en su día y hasta ahora, no es realmente comunista. Que será otra cosa, un neofeudalista separatista étnico, un socialdemócrata, un humanista, un anarquista individualista, o directamente un inconsciente. Pero no un comunista. Es más, hay gente que ha estado toda su vida militando en formaciones comunistas, levantando hoces y martillos en banderas, e incluso han sido represaliados por el franquismo. Gente muy digna de ser reconocida en su esfuerzo por una sociedad diferente a la capitalista. Sin embargo, son esfuerzos vanos al no seguir la máxima de Lenin, "sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario". Claro que por las razones que doy en el libro, era imposible conformar un movimiento revolucionario comunista en España durante todo el siglo pasado en sentido definido estricto. Lo más cerca que estuvimos, pero no lo fue plenamente, fue la Guerra Civil. Pero después, imposible. 

Así pues, ser comunista en España, siguiendo el materialismo histórico, el marxismo-leninismo, conlleva defender la unidad de España en sentido centralista, ser absolutamente antiseparatista y anti-izquierdista indefinido. Hay gente que no ha sido comunista en su vida que se dice tal y defiende todo lo contrario a lo que el comunismo verdadero ha de defender. Algunos de estos sujetos dan pena, otros lástima, y otros directamente son un obstáculo a la conformación de un comunismo definido, real, como movimiento en España. Y la hostilidad política, teórica y práctica, para con ellos ha de ser total. Habrá algunos que cambien y evolucionen a posiciones comunistas. Eso requiere tiempo, paciencia, pedagogía y comprensión. Porque salir de una ideología para llegar a otra es siempre un proceso doloroso, abandonas una cosmovisión del mundo para adoptar otra, y dejas gente por el camino, amigos, familiares, parejas, etc. Te conviertes en una persona nueva en cierto sentido. Y para algunos ese es un proceso muy difícil de aceptar. Para ayudarles a ser comunistas también fue escrito este libro. 


Hablas de la leyenda negra como una de la causas de la ausencia de un marxismo español y en español. ¿Hasta qué punto ha influido? 

La leyenda negra es, en términos marxistas clásicos, una superestructura ideológica nacida fuera de España, durante la tardía Edad Media en Estados que hoy forman parte de la actual Italia, y que luego pasó a los Estados europeos antiespañoles y anticatólicos que lideraron la reforma protestante, particularmente Inglaterra, Holanda y los Estados centroeuropeos que hoy están al norte de Alemania. Luego pasó a la Francia ilustrada, por lo que estamos hablando de una superestructura ideológica sin la cual no se pueden entender esas naciones políticas tampoco en su conformación histórica y en su dominio de clase burguesa. Con la Guerra de Sucesión Española, a principios del siglo XVIII, la leyenda negra pasa a ser una superestructura ideológica también en el poder español, con el cambio de los Austrias a los Borbones como aristócratas dominantes en nuestra monarquía, llevándose consigo toda la ideología ilustrada antiespañola de entonces. La nobleza, el alto funcionariado y la gran burguesía que empezaron a formarse en España disputaron su hegemonía a las clases dominantes que, siendo aristocráticas también, funcionariales e incluso burguesas, a las que hay que incluir al Alto Clero, dominaban ya la España anterior, la de los Trastámara y, luego, la de los Hagsburgo. Para medrar en el nuevo poder, había que asumir la leyenda negra en la propia española. Con la dialéctica de clases y de Estados que se produjo desde entonces, con cuatro periodos revolucionarios burgueses, que hicieron la nación política española entre 1808 y 1863 (el periodo revolucionario burgués que conformó, según Lenin, las grandes naciones políticas de Europa occidental y de América, va de 1789 a 1871, con lo que España está dentro de ese periodo y de esas grandes naciones políticas occidentales de Europa y América), más tres periodos revolucionarios en los que el movimiento obrero y campesino ya está organizado, entre 1868 y 1939, las ideas que sobre España tenían las clases dominantes anteriores a 1715, antes de la hegemonía borbónica, han seguido presentes hasta ahora, pero no ha sido dominantes, siendo dominante la leyenda negra. 

La salvedad sería, parcialmente, las dictaduras de Miguel Primo de Rivera y de Franco, lo que ha servido como excusa a algunos para asociar la idea de España y su historia con el franquismo, cuando curiosamente el franquismo asumió la leyenda negra de manera pasiva, algo que se plasma en su acción política exterior al romper sus lazos con la idea de Hispanidad que, incluso, defendían conservadores como Ramiro de Maeztu, al querer Franco instaurar un imperio colonial español en el noroeste de África a costa de Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Como eso no pudo ser, Franco vendió España al bloque geopolítico anglogermánico capitalista en la Guerra Fría. Y eso permitió conservar la leyenda negra a nivel ideológico superestructural, incluso en el ámbito político conservador. El peso de la leyenda negra es enorme porque es paralizante de cualquier tipo de revitalización nacional, la cual es imposible incluso desde parámetros fascistas como los del nacionalsindicalismo de Ramiro Ledesma, el cual pensó que España estaba en decadencia desde hacía 200 años, cuando eso no era realmente así. Hay un libro fantástico llamado "España 1700-1900: el mito del fracaso", del historiador económico David Ringrose que refuta esa idea derrotista y fatalista de España que Ledesma compartió con otros, como Ortega y Gasset o los noventayochistas. Yo diría incluso que el fascismo español tiene mucho de noventayochista, y a mi me parece que, aparte de la riqueza literaria de la Generación del '98, políticamente hablando no comprendieron jamás a España. Junto con otros factores históricos, la leyenda negra ha sido una losa ideológica considerable. Y acabar con ella es prioridad para las fuerzas políticas de vanguardia que, en España, quieran hacerse con el poder y realizar transformaciones políticas y generacionales de calado. 


Hay quien considera que la construcción nacional española es defectuosa o inacabada y que eso justifica su destrucción 

Si eso fuese así, España no existiría. No existen construcciones nacionales inacabadas. Esa idea forma parte de esa superestructura ideológica que supone la leyenda negra antiespañola. Tratan de asemejar España a un Estado fallido, y Estado fallido es Somalia, Yugoslavia, la URSS o Checoslovaquia. Un Estado fallido es un Estado que ha dejado de existir. Hay muy pocos Estados en el mundo sin tensiones separatistas. E incluso los que los tienen, como España, China, Rusia, el Reino Unido, Italia, Turquía, la India, Dinamarca o Canadá, entre otros, son Estados fuertes, consolidados, reconocidos internacionalmente por otros y con una importante presencia en la política exterior. Esa idea hay que combatirla en tanto esté conectada con la leyenda negra. Es leyenda negra.



Te suelen acusar de nacionalista español ¿Es cierto? 

En España, hay una denigración del término "nacionalismo" por la apropiación de la misma que tuvo primero con el franquismo y, después, con ETA. La gente asocia nacionalismo a etnicidad, sectarismo, autoritarismo y violencia. Y a ello le contrapone términos como "constitucionalismo", que es el patriotismo constitucional de Habermas, que trata de evadir la herencia nacionalsocialista en Alemania. La Constitución Española de 1978 está muy inspirada en Alemania, y de ahí que los partidos del régimen, cada uno a su manera, eviten definirse como nacionalistas españoles, y prefieran hablar de patriotismo constitucional, que es lo que defienden Ciudadanos, PP y PSOE. En el caso catalán, ERC y la CUP no se definen como organizaciones nacionalistas catalanas, aunque lo sean, y hablan de independentismo. En el fondo, quieren constituir una república catalana habermasiana, socialdemócrata, homologada completamente a las naciones políticas liberal-demócratas de Europa occidental y América, con mercado pletórico capitalista e integración en la UE y en el euro. Nacionalistas se reivindican a sí mismos los grupos neofascistas, tanto españolistas como catalanistas y vasquistas, aunque en el País Vasco la idea nacionalista, que es de base étnica, es común a todas las fuerzas separatistas, incluido el PNV. En otras regiones, como Andalucía, Galicia, Asturias, Canarias, etc., el nacionalismo étnico, mezclado con socialdemocracia y liberalismo, no se opone al patriotismo constitucional pero apenas lo menciona para definirse. Algunos en las fuerzas españolistas hablan de diferenciar nacionalismo de patriotismo, pero siempre en términos habermasianos. Y ahí también cae María Elvira Roca Barea, por ejemplo. 

Pero la diferenciación, de primero de carrera de políticas, es entre nacionalismo étnico, basado en el romanticismo alemán, y que exalta la lengua, la etnia-raza, el suelo, la sangre e incluso la religión (lo que llaman algunos nacionalismo a secas, lo que evidencia que el nacionalismo étnico ha conseguido apropiarse del término sustantivo eludiendo el adjetivo, como si ellos fueran los verdaderos nacionalistas, algo que gusta mucho en el fascismo y en el nazismo), y entre nacionalismo político, el que defiende la nación política de ciudadanos libres e iguales en derechos y deberes, el conjunto de habitantes de un territorio estatal que comparten la misma herencia política, jurídica, económica y cultural, y que continúan un legado histórico para continuarlo en el futuro de manera civilizada. Son los herederos de la idea filosófica de Civilización, defendida por Engels como estadio superior de la antropología humana, y siguiendo en esto a Morgan. Este nacionalismo político, cívico, es común a todas las izquierdas políticamente definidas (jacobinismo, liberalismo, anarquismo, socialdemocracia, comunismo, maoísmo), con diferencias fundamentales entre sí a la hora de entender la cuestión del Estado y la hegemonía de clase que exista. Y a este nacionalismo político se le llama patriotismo, pero reduciéndolo a la defensa de la última constitución existente, que suele ser liberal-socialdemócrata. Doménico Losurdo ya dijo que todo internacionalismo proletario marxista que se precie, si quiere triunfar y ser hegemónico en un país, debe ser profundamente nacional, pero en sentido político, nunca étnico. El nacionalismo chino es político, no étnico. Si fuese étnico, eso acabaría como Yugoslavia. El nacionalismo soviético fue también político, aunque al final los nacionalismos étnicos, incluido el ruso, fueron los que triunfaron, fracasando el soviético. 

Así pues, si ser nacionalista español es defender una España étnicamente pura, en la que solo se hable español, en la que esté perseguido el mestizaje sexual racial, en el que España sea un apéndice de Europa, en el que el racismo sea ideología dominante, que es lo que defiende el Hogar Social Madrid y lacra similar, entonces soy antinacionalista español. Ahora bien, si ser nacionalista español es defender la soberanía política y la independencia económica de España, su libertad, la herencia revolucionaria de los liberal-revolucionarios del siglo XIX, la Constitución de Cádiz, la España "de ambos hemisferios" frente a Europa, el patriotismo revolucionario de los comunistas de la Guerra Civil, del antifranquismo, los escritos de Marx y Engels sobre España y el materialismo filosófico de Gustavo Bueno, entonces sí soy nacionalista español. 


Al final del libro comentas que ya existen las herramientas para la reconstrucción del marxismo en España. ¿Ves movimiento en ese sentido? 

Que se den las condiciones no implica que vaya a pasar. Y más que reconstrucción, yo hablaría directamente de construcción, la cual se puede realizar a partir de los elementos que defino en las conclusiones del libro. Sí veo movimientos en ese sentido, pero erráticos, polémicos. Existen grupos nuevos como Reconstrucción Comunista, la escisión en dos del PCPE, la readopción del marxismo-leninismo por parte del PCE, la cual me parece más administrativa que doctrinal, pues hablan de centralismo democrático como quien habla de aplicar a Google las ideas del Libro Rojo de Mao Tse Tung. ¿Qué sentido tiene un partido comunista con una doctrina marxista-leninista, convertido en una ONG dentro de una matrioshka de partidos y movimientos sociales de izquierda indefinida a los que se tiene que someter para pillar cacho de silloncitos en parlamentos municipales autonómicos o nacionales? Lo de la "unidad popular", planteado desde Izquierda Unida-PCE, es más una batallita interna para que algunos se coloquen y poder vivir de la política (se creerán "revolucionarios profesionales" a lo Lenin, cuando no son más que fontaneros con altas dosis de analfabetismo funcional mezclado con ideologías postmodernas) que un esfuerzo real por construir el marxismo español. Sin embargo, incluso dentro de esas tesituras hay batalla. Ya lo dijeron Marx y Engels, el Partido se fortalece depurándose. Pero aquí no deberíamos referirnos a ningún partido institucionalizado concreto, sino al conjunto de grupos y movimientos que trabajan, mal que bien, por la emancipación de todas las clases de trabajadores en España del yugo del capital y de la dictadura de la burguesía. 

También hay que señalar los dos años que, desde la muerte de Gustavo Bueno, su fundación está dedicando al análisis del marxismo-leninismo y del materialismo dialéctico. A la contra muchas veces, pero también de manera equivocada, a mi juicio. Es imposible entender el materialismo filosófico de Gustavo Bueno sin su asunción del materialismo histórico de Marx. No otra cosa es la propuesta de Bueno de "vuelta del revés de Marx". Lo que ocurre es que, al tratar de separar completamente el materialismo filosófico del materialismo histórico, están esclerotizando el primero, convirtiéndolo en un gnosticismo escolástico sin implantación política real más allá de una mera injertación en la realidad a través de tesis doctorales y publicaciones, pero sin impacto en organizaciones de masas ni capacidad para ejercerse desde el poder. A mi juicio, la construcción del marxismo español, y en español, se llame así o no, requiere, además de la depuración política de las filas del Partido de los trabajadores, la fusión nuclear entre materialismo filosófico y materialismo histórico (marxismo-leninismo, más avances teóricos y prácticos realizados a posteriori del derrumbe de la Unión Soviética), desechando el materialismo dialéctico, que ya no tiene aplicación posible, y la idea de implantación política minimalista, como injertación, hacia una maximalista, desde el poder político tras un proceso revolucionario trascendental. 


¿Por qué se han parcializado las reivindicaciones sociales en Occidente? 

"Occidente" no existe, propiamente hablando. Es una idea que, como "Modernidad", está asociada a las superestructuras políticas e ideologías de la burguesía de las naciones que iniciaron el proceso colonizador en el siglo XVII (Holanda, Inglaterra, Francia, y luego Alemania y Estados Unidos). En todo caso, el proceso de descomposición progresiva del sistema-mundo que estas naciones han generado, a las que luego se unieron Portugal, España y toda Iberoamérica como apéndices suyos, es la base para esa parcialización de reivindicaciones. Parcialización que es coherente con las figuras del consumidor satisfecho del mercado pletórico capitalista en los sistemas políticos liberal-socialdemócratas en que viven. Una reivindicación social, en estos países, es al mismo tiempo una demanda de consumo ante unas ofertas de compra de bienes y servicios que, estiman, deben ampliarse y diversificarse lo máximo posible, con lo que todos salen ganando, tanto movimientos sociales como productores de mercancías. Durante la acción reivindicativa social, los sujetos maximizan su utilidad marginal, tratando de que el último bien de un stock de mercancías iguales arrastre el precio de todos los demás porque es el más barato, supuestamente. No ven que es más barato por el proceso productivo tecnocientífico, en vez de serlo por el grado de satisfacción última que proporcione. Este fenómeno económico es la base de las reivindicaciones políticas de los movimientos sociales en los países capitalistas. Y lo que la globalización del American Way of Life pretende es universalizar este tipo de relación entre el Estado, los mercados y los ciudadanos. 

La parcialización de las reivindicaciones sociales es el fundamento vital de la idea-fuerza, también mítica, de sociedad civil, que no es otra cosa sino una secularización de la idea de Ciudad de Dios de San Agustín de Hipona, que los cátaros trataron de recuperar en una pureza mal entendida en el siglo XII. El 15M son los nuevos cátaros, y entre medias de unos y otros, haciendo las veces de nexo histórico en parte, están los sublevados protestantes de Europa central, que señalaron el camino hacia el individualismo y el subjetivismo más extremo por vía de la ruptura con Roma y con el auge del capitalismo y los Estados-nación. El comunismo trató de romper con esa dinámica, pero su caída en 1991, y su transformación en socialdemocracia liberal en el mundo capitalista, no ha hecho sino lograr reafirmar esos procesos. Así pues, eso que se llama "ciudadanismo", "parcialismo" o "neoliberalismo progresista", también neoliberalismo cultural (mal llamado "marxismo cultural" por la Alt-Right, el neofascismo y los ultramontanos), tiene su base en los procesos históricos que rompen con la comunidad tradicional reaccionaria, patriarcal, asimétrica y jerárquica, y establecen un horizontalismo extremo que solo puede sostenerse con el fomento del individualismo también más extremo. Sin embargo, la pirámide social sigue incólume, porque este neocatarismo laico de los movimientos sociales no puede acabar con ella, ni lo pretende. 


Muchas fuerzas de izquierdas siguen asumiendo las "identity politics" mientras su apoyo popular y rigor político caen en picado ¿por qué este gusto por el fracaso? 

Para ellas no es un fracaso. La izquierda dominante hoy día es la izquierda indefinida, una izquierda que, según Bueno, no tiene un proyecto definido con respecto del Estado. Esta izquierda indefinida tiene tres modulaciones. La primera es la izquierda extravagante, sobre todo las ONGs y los llamados movimientos sociales. La segunda es la izquierda divagante, que son básicamente los "intelectuales" y los artistas, los cuales solo pertenecerán a una izquierda políticamente definida cuando militen en organizaciones definidas como tales, o cuando sus trabajos y obras refieran a esas izquierdas definidas, con proyecto definido respecto del Estado. Y la tercera es la izquierda fundamentalista, la mezcla de las dos anteriores, que se define como "izquierda" a secas, sin matizar, y que se concreta organizativamente en confluencias tipo Syriza en Grecia o Unidos Podemos en España. 

Al carecer de proyecto político, de planes y programas fuertes, consistentes, estas izquierdas indefinidas acaban, si son extravagantes, concretándose en demandas parciales (género, matrimonio gay, ecología, veganismo, antitaurinos, prostitución, etc.), en elucubraciones teóricas anacrónicas si son divagantes (por ejemplo, en si Felipe II era de derechas y la Reina Isabel I de Inglaterra de izquierdas, de ahí la asunción por la mayoría de la izquierda divagante de la leyenda negra antiespañola) o, si son izquierda fundamentalista, se tratan de definir juntando a unos con otros en un pastiche partidario cuyo único texto fundamental de consenso acaba siendo la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. La cual es perfectamente asumible por el capitalismo, ya que nace en su seno, es puramente liberal-socialdemócrata. Las "identity politics" son pura izquierda indefinida que, a nivel extravagante, se plasma en movimientos sociales y en asociaciones universitarias, mientras que a nivel divagante se plasma en todas las teorías filosóficas postmodernas. A nivel fundamentalista, los Derechos Humanos son perfectamente compatibles con las "identity politics". 

En el fondo, que un partido político de izquierda fundamentalista caiga en picado les da igual, porque su prioridad son las demandas concretas, no un proyecto político definido respecto del Estado. De ahí la dificultad de los equilibrios en Unidos Podemos, porque si la confluencia cae se volverá a intentar en el futuro, ya que la situación histórica en que nos encontramos les permite recuperarse. Esta izquierda indefinida lleva medio siglo siendo muy importante en Europa occidental y en América, y es la hegemónica desde hace al menos un cuarto de siglo. El problema de enfrentarse a todo esto es que las izquierdas indefinidas nutren de militancia y, a veces, de ideas a las izquierdas definidas. Y confrontarlas, por tanto, es tan necesario como convencer a la gente más despierta de esa izquierda indefinida para que se definan. Cosa que no pocas veces resulta en un proceso infructuoso. 




¿Cuáles deberían ser los principales puntos del programa de ese proyecto de Estado para resultar exitoso en España? 

Es necesario adoptar el marxismo-leninismo y el materialismo filosófico para, desde la fusión nuclear de ambos, generar un único átomo de una potencialidad crítica inmensa, que aplicado a la praxis política como materialismo político tenga una potencialidad revulsiva, revolucionaria, también inmensa. Solo así podremos definir un proyecto político serio respecto del Estado y en la doble dialéctica que sirve como motor de la Historia real: la dialéctica de clases y de Estados. 

A nivel de dialéctica de clases, es necesario organizar a todas las clases de trabajadores españoles y residentes en España (que no hayan delinquido) en un Partido de cara a la conquista del Estado, un Estado liberal-burgués que es una de las democracias capitalistas más avanzadas del mundo, con lo que el marco de lucha cambia con respecto al momento en que surgió el movimiento obrero en España. Esa conquista del Estado burgués requiere, ipso facto, de su destrucción, esto es, de la destrucción de todo tipo de organización institucional que pueda devolvernos al estado anterior de cosas. El Estado socialista resultante, la hegemonía el Partido y de los trabajadores, debe permitir la "extinción progresiva" del nuevo Estado, esto es, la extinción de toda condición de posibilidad de volver al estado anterior. La "extinción" del Estado socialista es la continuación necesaria de la destrucción del Estado burgués. Pero esto no implica el fin de toda forma de sociedad política, o si me apuras, de toda forma de Estado. El comunismo final es compatible con la existencia todavía del Estado, pero en sentido burgués ni tampoco en sentido proletario. La dictadura del proletariado es el periodo de transición entre el Estado capitalista y el comunismo, el cual es, además, una idea regulativa de la praxis política y teórica del movimiento comunista, tanto antes de la toma del poder como después, y no una situación a implantar desde un mundo de las ideas de estirpe neoplatónica. En todo caso, el comunismo, como sociedad postestatal es compatible con la existencia de la forma Estado sin capitalismo y sin socialismo, sin burguesía ni proletariado, sino con otras formas de agrupación social y con una transformación de muchas de las categorías de la economía política tal y como la conocemos hoy día. En la dictadura del proletariado, aliada con otras clases de trabajadores, sigue habiendo lucha de clases, y el paso del capitalismo al socialismo no se produce nada más llegar al poder. La dictadura del proletariado es la condición necesaria, pero no suficiente, para pasar del capitalismo al socialismo. Durante la misma puede seguir existiendo la burguesía, como clase dominada y controlada por el Estado, a la que se oprime, y exprime, para el desarrollo de las fuerzas productivas, como ocurre ahora en China o en Vietnam. De igual manera que el capitalismo obligó a los aristócratas a reciclarse, convirtiéndose muchos en burgueses, para sobrevivir en el nuevo modo de producción que surgió tras el derrumbe del feudalismo, los burgueses tendrían que reciclarse para convertirse en otra cosa, aprovechable durante el ejercicio de la dictadura del proletariado. 

Dicho esto, me parece necesario pensar en acciones políticas y económicas prácticas. Habría que suspender la actual constitucion de facto federal, y establecer una nueva Constitución, Republicana, Unitaria, Centralista y Unicameral, sin representación territorial de ninguna clase. El Senado debería ser eliminado. La nueva Constitución debería dar importancia al Estado centralizado y a las provincias por encima de las autonomías, que deberían ser todas suprimidas. La gestión administrativa tiene que hacerse en coordinación con las diputaciones provinciales, que pasarían a ser las nuevas regiones, y a través de ellas con las unidades municipales. Esto ayudaría a impulsar planes económicos necesarios para reindustrializar el país. No hay que dejar el turismo y el sector servicios de lado, porque son un fuerte económico para España. Pero hay que aprovechar lo bueno y explotable que tienen ya las provincias, sobre todo las más despobladas, agrícolas y ganaderas, también pesqueras, para desarrollar en cada capital de provincia al menos un centro puntero de I+D+i que permita reorganizar la economía provincial de España. Aquí tendrían un gran papel las Universidades. Ninguna sobra, como afirman los neoliberales. Todas pueden ser reutilizables a la hora de ser nexo del desarrollo de las provincias y de la generación de empleo en las mismas. Un cambio en el modelo productivo fomentaría la natalidad, que no puede levantarse solo a base de inmigración. Los inmigrantes han acabado adecuándose a las tendencias demográficas actuales de España, y tienen el mismo número de hijos que los nacionales. Y al llegar aquí compiten por los mismos puestos de trabajo con menor cualificación, tirando a la baja los salarios. Pero ellos no son los culpables de ello, sino el hecho de que España tenga un modelo productivo de inserción en la división internacional del trabajo que nos haya situado como un mero gestor de servicios turísticos para jubilados, estudiantes y obreros de los países ricos de América del Norte y de Europa occidental. Hay que fomentar la inmigración legal y perseguir la ilegal, y a mi juicio hay que fomentar especialmente la inmigración legal iberoamericana, que es la que mejor se adapta a nuestra idiosincrasia natural. Hay que "rehispanizar España" frente a la anglogermanización de nuestro país. Y eso solo se puede hacer reforzando los lazos de España con el mundo iberófono, del cual forman parte más de 700 millones de personas en los cinco continentes. 

Así pues, un Estado fuerte, con un Partido fuerte y un Gobierno fuerte, que desarrolle el interior de España reexplotando racionalmente lo ya existente es condición sine qua non para que dejemos ser la periferia del centro económico capitalista mundial, si no somos ya el centro de la periferia mundial. Habría, también, que suprimir los cupos tributarios vasco-navarros, recuperar competencias en materias como el suelo, la sanidad, la educación (establecer una única educación a nivel nacional), potenciar la formación profesional, abaratar las matrículas universitarias, subir el salario mínimo interprofesional, establecer la plena igualación salarial por trabajo realizado, establecer un único convenio colectivo laboral a escala nacional, suprimir las policías autonómicas y fusionar Policía con Guardia Civil, reestablecer el servicio militar obligatorio para ambos sexos, aumentar el gasto militar a medida que aumenta la productividad y garantizar la indefinición del contrato de trabajo, así como la propiedad del Estado de todas las viviendas de España, las cuales serían entregadas a perpetuidad a sus inquilinos. Hay que realizar una batalla contra la pobreza, formando a parados estructurales y dándoles trabajo, también a indigentes, ni un solo indigente en las calles y campos de España. Habría que endurecer, también, las penas de cárcel, pues en un sistema socialista de esta clase los delitos tendrían tal gravedad que, desde los más comunes y horrendos hasta los de puro sabotaje, solo pretenderían poner en peligro esta necesaria reconstrucción nacional. A las personas que han cometido delitos menos graves, se les debería reencauzar socialmente a través de buenos programas de reinserción educativa, laboral y comunitaria. Este tipo de programas, a nivel de dialéctica de clases, no pueden hacerse en una, dos o tres legislaturas. El poder que requiere llevar a cabo todo esto requiere, al menos, una planificación epocal de, como mínimo, cincuenta años o más. La nacionalización y socialización de los medios de producción estratégicos es fundamental. 

A nivel de dialéctica de Estados, España no puede cercenar su soberanía política y su independencia económica a tenor de las políticas monetarias del Banco Central Europeo. Tenemos que revisar nuestra pertenencia a la Unión Europea, al Euro y al Tratado de Schengen. No debemos consentir que nos ocurra lo que le ha ocurrido a Grecia. Debemos potenciar nuestras buenas relaciones con China y Rusia, y mantener una diplomacia activa con el mundo árabe, particularmente con el norte de África. Y, por supuesto, potenciar nuestros lazos con la iberofonía, particularmente, y por cercancía, con Portugal. El portugués debería ser el primer idioma de estudio de España, para poder fomentar una confederación ibérica en la que, también, debe entrar Andorra. Debemos llevarnos bien con el resto de naciones europeas y respetar su soberanía, pero siempre poniendo la nuestra por encima de cualquier otra. Y hay que relanzar nuestros lazos con Iberoamérica, con Iberoáfrica (Sáhara Occidental, Cabo Verde, Guinea Bissau, Guinea Ecuatorial, Santo Tomé y Príncipe, Angola y Mozambique), Iberasia (FIlipinas, Macao, Timor Oriental) y con Estados Unidos, donde la población hispana superará en este siglo los cien millones de personas. Eso sí, sin someternos a los dictador geopolíticos de la OTAN-TISA. Si vis pacem, parabellum. Debemos reformular las Cumbres Iberoamericanas para darles una connotación que no le otorgue a España un mero papel de puerta a América Latina de las lavadoras alemanas. Y retomar la idea sugerida por el mexicano Ismael Carvallo, de una Alianza Socialista Iberoamericana, ampliada a toda la Iberofonía. Nuestra política interna es el músculo de nuestra política externa, que ha de ser nuestra acción en el mundo del siglo XXI y del porvenir. 


Hace unas semanas tuvo lugar la primera huelga feminista. ¿Hay un feminismo o varios?¿Son compatibles movimiento obrero y feminismo? 

El feminismo, en sentido unívoco, no existe. Es un mito oscuro y confuso que, como el mito de la izquierda, de la derecha, de la cultura o de la naturaleza (también del ecologismo), encubre el intento de una corriente determinada del feminismo, en este caso la radical, de anular o absorber a todos los demás. El feminismo es plurívoco, lo que equivale a decir que no hay feminismo, que no existe. Hay feminismos, en plural, y enfrentados entre sí incluso hasta la hostilidad más vehemente. Lo del 8M no fue una huelga, fue un paro sindical socialdemócrata de funcionarios y sector educativo sobre todo, con picos de alto seguimiento en Asturias debido a la tradición sindical particular de allí, pero lo determinante fue la manifestación de la tarde. Un éxito sociocultural, un fracaso político-económico y laboral. 

Falta estudiar los feminismos desde posiciones materialistas, pero a priori diría que hoy día, el hegemónico, que es el feminismo radical surgido en la tercera ola feminista, no es más que una derivación del feminismo liberal de la primera ola, al que se han juntado teorías propias del postmodernismo filosófico, del postestructuralismo en sociología y del relativismo cultural. El feminismo marxista surge, como escisión, del feminismo radical, y tiene muy poca presencia real. Además, a mi juicio, dicho feminismo marxista surge como un acercamiento desde el feminismo radical al marxismo, y no desde el marxismo al feminismo radical. Y el orden de factores sí altera el producto. 

Los feminismos no se caracterizan por buscar la igualdad entre hombres y mujeres. Esa definición es muy simple y banal, vacía en realidad. Para buscar la igualdad, primero hay que definir los parámetros de la igualdad buscada. ¿Igualdad legal, salarial, biológica? Sin definir esos parámetros, todo queda muy abstracto en el peor sentido de la palabra. Se sustancializa la igualdad sin definirla, y se cae en la metafísica. En realidad, ha habido movimientos políticos, religiosos y sociales que, definiendo la igualdad desde parámetros distintos (igualdad espiritual en el cristianismo o el budismo, igualdad de oportunidades y ante la ley en el liberalismo, igualdad jurídica y laboral en el socialismo, igualdad como obreros frente a la burguesía en el comunismo marxista-leninista), han defendido eso que dicen defender los feminismos, y de manera más eficaz a nivel de acción y praxis política. 

Los feminismos son un conjunto de movimientos sociales y de teóricas que caen más entre las izquierdas indefinidas que de las definidas, incluidos el feminismo marxista y el liberal. No tienen un proyecto raciouniversalista genérico ni específico respecto del Estado, y menos desconectados de las izquierdas definidas, a las cuales se adscriben más o menos, pero distorsionándolas, tratando de hegemonizar su discurso en ellas y armonizándolo con otros movimientos sociales y de "intelectuales y artistas", lo que equivale aquí y ahora a la tiranía de las izquierdas indefinidas sobre los restos de las definidas. Lo que, en realidad, define a los feminismos, decía, no es la búsqueda de la igualdad, sino el conceptualizar a las mujeres, en general, como un sujeto político propio, como una "clase social" incluso (aplicando aquí más la lógica formal analítica que la lógica dialéctica propia del materialismo histórico), por encima de otras clases sociales, de religiones, de Estados, etc. Y ese es su gran error de base. Las mujeres no conforman una totalidad atributiva universal, con los mismos intereses "de clase", frente a otra totalidad atributiva universal en tanto que "clase" con los mismos intereses, los hombres, entre los que media una institución tomada, también, como totalidad atributiva univesal, el (hetero)patriarcado. Está por ver, incluso, que el (hetero)patriarcado sea, también, una totalidad distributiva universal, sobre lo que yo tengo mis dudas. 

En todo caso, el marxismo-leninismo habló de cuestión femenina más que de feminismos, consciente de las problemáticas particulares de las mujeres de clase obrera respecto a sus compañeros varones, pero también respecto de las mujeres y hombres burgueses, etc. No solo los clásicos Marx, Engels, Lenin y Stalin, sino también Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin, Alexandra Kollontai, Nadezdha Krupskaia, entre otras, trataron estas cuestiones. Poner a Ángela Davis o similares como ejemplo de "feminismo marxista", obviando los autores y autoras antes dichos, me parece un craso error. Con el feminismo que toma a la totalidad de las mujeres como una "clase social", que no es marxista ni es nada, no se puede ir políticamente hacia ningún tipo de éxito que no vaya más allá de la reforma radical del capitalismo, contando con más mujeres burguesas y emprendedoras entre sí. Al final, lo que se consigue es que sea el propio capitalismo el que vaya destruyendo, poco a poco, los restos de instituciones patriarcales tradicionales que quedaban. El error es pensar que con el capitalismo cae el patriarcado. Falso, el patriarcado se muere lentamente en el capitalismo. Él destruye toda institución tradicional, tanto represora como protectora, que existía previamente a su constitución hegemónica. Pensar que capitalismo y patriarcado caen al unísono es todavía pensar que las mujeres son una clase social universal. Y no hay clases sociales universales a nivel atributivo, desde el marxismo. 



Eres activo en las redes sociales, ¿qué impacto tienen las nuevas formas de comunicación en la toma de conciencia política? 

Antes era más activo, hace años. Yo creo que es una forma bastante buena de "predicar el evangelio", como quien dice. Y con menos costes que hace años, por el abaratamiento de la tecnología para llegar a las personas. Aunque la conexión a Internet hay que pagarla, claro. De todas maneras, el orden de llegada efectiva a través de Internet, piramidal, es primero lo audiovisual (youtube), luego la imagen (memes), después el audio (podcast) y por último el texto escrito. Yo paso buena parte de mi tiempo en temas de investigación y docencia, por lo que lo que más hago es escribir. Es una manera magnífica de fabricar teorías, pero la llegada es más limitad que por las otras vías, aunque las otras también las he tocado. Descarto hacerme youtuber porque, por ahora, me parece que soy más eficaz escribiendo. 

Es necesario dejar un legado teórico a las generaciones futuras. Los tuits se los lleva el viento, como quien dice, mientras que los libros y artículos, así como vídeos o audios, permanecen. Un tuitsar rojo tipo Masa o Profe tienen un impacto limitado en el tiempo, condicionado a la inmediatez del tuit y del momento, y tienen necesidad de ser activos de manera constante, porque si no, no pueden tener impacto. Pero es la pescadilla que se muerde la cola. Así no tienen tiempo ellos realmente para formarse, y eso se nota en sus tuits y en sus apariciones en otros medios. Se les nota con una formación o bajísima (el Profe) o excesivamente elemental, propia del marxismo vulgar (Masa). Con las publicaciones dejas algo que otros seguirán, y el poso es a más largo plazo. Junto a la militancia y el compromiso político, y el ir allá donde te dejen hablar, incluso a territorio hostil, es como puedes llegar a algo. 


¿Qué importancia tienen los símbolos y el folclore en la Era Digital? ¿Crees que ciertos movimientos caen en un excesivo romanticismo? 

Sin símbolos no somos nada. Toda forma de comunicación es simbólica. El lenguaje es un campo simbólico, que además de permitirnos comunicarnos nos ayuda a expresar, construir, producir ideas, fabricar teorías, organizar nuestra praxis política diaria y a más largos plazos. Si a un grupo político le quitas su simbología, que es parte de su producción de ideas y conceptos, le quitas lo que permite construir entre ellos moralidad y ética. 

En la era digital, más que nunca, lo ideológico-simbólico tiene más sentido, y es más necesario defenderlo, porque con la viralidad, la rapidez con la que la información se mueve, lo simbólico ha de estar presente cada dos por tres por todas partes. Siempre ha sido así, pero ahora el bombardeo simbólico, desde los poderes populares ascendentes, ha de ser más constante que nunca. Por eso no entiendo al Secretario del Partido Comunista de Madrid, Álvaro Aguilera, cuando afirma que no se puede recluir al PCE como una Iglesia, enfangada en símbolos. De hecho, las religiones utilizan el lenguaje simbólico como nadie, y las religiones son todas políticas, y han transformado el mundo con una efectividad impresionante, hasta formar civilización. El cristianismo es la religión simbólica por excelencia. ¿Tuvieron que renunciar los cristianos a la Cruz cuando fueron desplazados de Roma a Avignon? Luego volvieron, porque se mantuvieron fieles a sus símbolos, a sus ceremonias, a sus instituciones. El judaísmo lleva haciendo esto desde hace muchos milenios, y no le ha ido mal. 

Los movimientos racionalistas radicales, materialistas, como el comunismo, han de ser también materialistas prácticos, que es como los definen Marx y Engels en La ideología alemana. Ser materialista implica no ser jamás iconoclasta, que es lo que son las confluencias, los movimientos sociales de izquierda indefinida (salvo excepciones, como el feminismo), y sobre todo esos partidos de izquierda fundamentalista como Unidos Podemos que ocultan la simbología comunista, que es sinónimo de ocultar la militancia comunista. Ahora bien, yo estoy con Lenin: "Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario". El principal problema de los grupos minoritarios comunistas actuales es que enarbolan símbolos sin teoría revolucionaria, porque se han quedado atrás, porque carecen de la misma y recurren a la nostalgia cutre. Pero si a los militantes que solo tienen lo simbólico se lo quitas, se lo ocultas, y la teoría que les das es postmodernismo filosófico, izquierdismo indefinido e infantil, progresismo barato, antiespañolismo, relativismo cultural, y te preocupas solo por un puestecito con escaño y sueldo público, que es lo que más le preocupa ahora a al dirección del PCE en Madrid, entonces eres un liquidacionista del siglo XXI. 

Lo simbólico se entreteje con doctrina. La doctrina sin símbolos, iconoclasta, es solidaria del gnosticismo, y además la filosofía que pretende implantarse políticamente de verdad, desde el poder, realiza su acción revolucionaria ayudada de símbolos, de ceremonias e instituciones. Lo simbólico sin esa filosofía que busca dicha implantación política, es un grupo moral de sujetos impotentes y afligidos. Sin teoría revolucionaria y sin símbolos, eres Álvaro Aguilera y la dirección del PCM actual, a los cuales voy a ver entusiasmados pegar carteles electorales con la cara de Íñigo Errejón, al que no soportan. Otro iconoclasta. Con la teoría revolucionaria acertada y entretejida de simbología política, eres Lenin, eres Stalin, eres Mao, eres Fidel, eres el Ché Guevara, eres Chávez. Es la única manera de evitar el romanticismo, al cual lo veo, sin embargo, más positivo que el vacío político del actual PCE de Madrid. 


¿China es la esperanza socialista global? 

Como diría Spinoza, "la esperanza es una alegría inconstante, que brota de la idea de una cosa futura o pretérita, de cuya efectividad dudamos de algún modo". Su reverso es el miedo, que es lo mismo que la esperanza pero en vez de ser una alegría es una tristeza. No hay esperanza sin miedo, y viceversa. Si tienes esperanza porque algo suceda, tienes a la vez miedo porque no suceda. Y si tienes miedo de que algo suceda, tienes esperanza de que no suceda. Por tanto, lo recomendable en política es no tener ni esperanza ni miedo, sino aplicar la prudencia. 

Con China debemos ser prudentes respecto de si es la "esperanza socialista global". Yo diría que lo que debemos hacer es defender a China y su construcción del socialismo mientras no se demuestre, por derrumbe de su sistema, de que no era efectivo, como ocurrió con la URSS en 1991. En la República Popular China se encuentran en proceso de dictadura del proletariado, o "dictadura democrática popular" como se definen en la Constitución. No se han tratado la fórmula kruschevista de las "democracias populares". En China no hay socialismo, pero están en la construcción del socialismo por el dominio de la dictadura proletaria y campesina, con una burguesía contenida y controlada por el Pueblo, el Partido Comunista Chino de más de 89 millones de afiliados y el Ejército Popular de Liberación con más de 4 millones de efectivos, entre activos y reservistas. El proceso para entrar al Partido dura dos años y medio. Mientras eso sea así, hay que defender a la República Popular China, como al resto de Estados marxistas-leninistas que quedan. 

Otra cosa es que, en China, la generación de izquierda políticamente definida sea la sexta generación que señalaba Gustavo Bueno en "El mito de la izquierda, la "izquierda asiática", el maoísmo. A diferencia de la quinta generación, la comunista de la Komintern, la sexta sigue activa, viva y con una efectividad universal tal que va a convertir al Imperio del Centro en la primera potencia mundial en unas décadas, cuando ya lo es en varios aspectos. China es ya la primera economía mundial por delante de Estados Unidos en PIB per capita, pero no en paridad de poder adquisitivo, en lo que es segunda potencia mundial, tras el Imperio useño. Lo están haciendo realmente bien. Y hay que tener en consideración de que China pretende ser un Imperio socialista centrípeto, no centrífugo como la URSS. No busca la expansión del comunismo mediante una Komintern y un apoyo tácito a procesos de descolonización, liberación nacional o comunistización de la sociedad, que en el fondo es una forma muy cristiana de expansión imperial generadora. China busca otra cosa, tradicional en su idiosincrasias cultural: ser el Sol, mientras el resto de naciones del mundo son planetas orbitando a su alrededor. Esa es su forma de ver la geopolítica mundial, y también de ver en su momento la expansión del socialismo. Teniendo todo esto en cuenta, ¿hay que contar con China para construir el socialismo en otras latitudes? Más bien hay que tenerles de referencia y apoyarles, y apoyarse en ellos. Ahora bien, si en algún momento existe una séptima generación de izquierda políticamente definida, a mi juicio, no surgirá de una recomposición en China de la izquierda asiática. Sino de una reconstrucción adaptada al siglo XXI de los restos que quedan aprovechables de la izquierda comunista. 


Por último, ¿qué proyectos tienes para el futuro? 

Seguir publicando artículos y libros. Seguir en la docencia y en la investigación, y seguir puliendo la geometría de las ideas que estamos fabricando. Seguir también militando junto a los mejores camaradas, y avanzar juntos hacia ese horizonte que estamos trabajando.