29 de enero de 2018

Cómo el neoliberalismo acaba con todo límite y valor social. Familia, trabajo y Estado

               

Intervención completa de Diego Fusaro:

El discurso del neoliberal en nuestro tiempo presenta fortísimas semejanzas con el discurso del neolibertino. Podríamos incluso decir sin exagerar, que el discurso del neolibertino no es nada más que la variante érotica del discurso económico del neoliberal ¿En qué sentido?.

El discurso del neoliberal como sabemos -o como decía Lacan "el discurso del capitalista"-, es el que tiene por objetivo presentar como único valor la competitividad universal, el crecimiento ilimitado del beneficio y valorizar el valor. Predica como valor en sí la competitividad, la liberalización, el laissez faire global y la deregulation; e identifica debidamente al Estado como enemigo a derrotar.

El enemigo es tal por el hecho de ser el Estado soberano nacional, lo que supone la primacía de la política sobre la economía y, por tanto, puede imponer unos límites que vinculan, disciplinan y regulan la economía. Este es el discurso que el neoliberal no puede aceptar.

El discurso del neoliberal, en nombre del libre mercado gobal, es el que quiere ver mercancías por todas partes, circulación y beneficios; es decir, quiere ver el mundo entero configurado como un plano liso para que las mercancías puedan desplazarse sin límites. No deben existir límites ni barreras, tanto a nivel real como a nivel simbólico. Por eso produce la globalización como unificación mercantilista del planeta y, a nivel simbólico, produce la "desimbolización". Es decir, la eliminación de todo límite de todo valor simbólico, de toda ética, de toda moral, de toda religión, para que también en todo ámbito de la conciencia se produzca un plano liso donde nuestras ideas conformadas por el consumo puedan desplazarse de manera nihilista e ilimitada y colonizar así nuestra conciencia. De manera similar el libertino es el que quiere eliminar todo límite ético-moral que refrena e impide el goce ilimitado como único valor.

Si el neoliberal aspira a destruir el Estado soberano y sus límites, el neolibertino apunta a destruir la familia como ética comunitaria basada en relaciones estables, duraderas lo que podríamos llamar "la fidelidad a un mismo siempre y de nuevo elegido". Kierkegaard decía que la familia corresponde a la vida ética, a la opción siempre confirmada otra vez. En cambio, el libertino, como diría también Kierkegaard, proyecta a la humanidad en "el estadio estético del goce eterno", la vida por instantes de goce proyectados en el "aquí y ahora" sin perspectivas y sin proyectos posibles.
El goce se apaga en el acto en que se consume, llega a la máxima intensidad, y origina una secuencia continua de goces que siempre repiten el mismo. Además, el estadio estético del "neolibertinaje" se caracteriza por lo que podríamos llamar como "circularidad funesta del goce"que es típica de la circularidad funesta del mundo de las mercancías y del consumismo, fase suprema del capitalismo. Cada mercancía se consume prometiendo salvación y luego volviendo a aparecer en circulación suscitando el mismo encanto dando vida al "eterno retorno del mismo". La mercancía promete salvación y cuando se consume vuelve a crear la situación de partida, dando vida otra vez a la búsqueda de nuevas mercancías.

Análogamente, por lo que se refiere al neolibertino, el goce le promete salvación, satisfacción, pero en cuanto se apaga provoca la búsqueda de nuevos placeres, de nuevas mercancías que provoquen el goce, una nueva circularidad funesta que se reanuda siempre desde el principio.

Por tanto el límite, la idea de la medida de la ética, del pater familias, se anula continuamente en nombre de lo que podríamos llamar el "laissez faire sentimental", una especie de goce ilimitado basado en la desestructuración de todo límite, basado en la destrucción de la figura del padre. La figura del padre, como decía Lacan, se basa exactamente en la unión armónica entre la ley que pone límites y el deseo limitado por la ley. Matar al padre, típico del capitalismo actual y de la evaporación de la jerarquía y el orden, significa matar a la ley y dejar solo el deseo transgresor, desinhibido, ilimitado, llevado al extremo y siempre capaz de volver a nacer.

Por eso nuestro tiempo es el tiempo del amor líquido, del amor por tiempo determinado que sustituye la vieja duración supuestamente eterna de las relaciones éticas y estables familiares por el amor de una noche: la duración se consume en el placer mismo y en el goce ilimitado que desemboca en la funesta búsqueda de nuevos goces.

El neolibertinaje no es más que la variante estética del neoliberalismo en su lucha contra todo límite y forma ética establecida a favor de la precarización constante. Así como el neoliberalismo persigue la desestructuración de la estabilidad en la ética laboral ; es decir del puesto de trabajo fijo y garantizado favoreciendo la precarización laboral y los contratos temporales, el neolibertinaje por su parte busca la desestabilización y desestructuración de ese vínculo probado estable y ético encarnado por la familia monogámica.



Dolores se llamaba Lola - Los Suaves