lunes, 17 de abril de 2017

Liderazgo político y acción robusta



Cuando se habla de liderazgo político, es posible que uno piense en cualidades como la determinación o el compromiso con unos principios. No obstante, como bien apunta Xavier Márquez en su excelente blog, abundan los ejemplos históricos de líderes políticos con un perfil muy diferente. Como explican los sociólogos Padgett y Ansell, durante el Renacimiento italiano, Cosimo de Medici ocupó el ejemplo paradigmático de a qué nos referimos. A pesar de no ocupar ningún cargo de jure, se erigió como gobernante de facto de Florencia y dio comienzo a un largo periodo de dominación de su familia en la capital toscana. Todo esto lo hizo habiendo ocupado cargos públicos oficiales apenas en dos ocasiones, ambas durante muy poco tiempo, y consiguiendo crear una facción a la par extremadamente heterogénea en su composición (aunque textos de la época los veían como los «campeones de los nuevos hombres», aún a día de hoy no queda muy claro exactamente qué intereses representaban) pero muy efectiva en su capacidad de movilización.

A pesar del tratamiento que se le da al líder florentino en El príncipe (Maquiavelo y Cosimo eran coetáneos y amigos durante la juventud, aunque su relación posterior fue complicada; la familia de Maquiavelo acabó en el exilio a causa de una trifulca con los Medici, y Maquiavelo posiblemente salvara el cuello gracias a su amistad con Cosimo), las narrativas de los que interactuaron con él describen a Cosimo como «una esfinge indescifrable» de la que no se conocían ni opiniones, ni planes, ni objetivos. De él se decía que era «tan taciturno que incluso sus íntimos y criados tienen problemas a la hora de entenderle». A menudo incluso daba sus respuestas en forma de proverbios o dichos. Vespasiano cuenta que sus respuestas eran tan breves y poco claras con el objeto de tener siempre doble sentido. Cosimo no tomaba la iniciativa jamás, simplemente se limitaba a responder a las peticiones o retos que le llegaban.

Padgett y Ansell argumentan que el gran éxito del liderazgo de Cosimo se debe precisamente a este liderazgo pasivo. Cosimo utilizaba la estrategia de lo que ellos llaman las señales polivalentes, que consiste en enviar mensajes tan ambiguos que pueden ser entendidos de forma distinta por cada receptor, constituyendo prácticamente un test de Rorschach. De esa manera, cada cual puede leer entre líneas lo que encuentre relevante, dejando abiertas el mayor número de opciones para el gobernante.

Mientras tanto, se trata de dejar que los oponentes señalen sus estrategias o intenciones, mientras uno oculta las suyas propias. El compromiso con unos principios o una línea de acción se convierte entonces no en una virtud sino en una forma de atarse las manos y debilitar la posición del gobernante. La inacción propia mientras los demás se mueven, en cambio, obliga a los enemigos a que muestren sus cartas mientras uno las tiene guardadas. Eric Leifer, que investigó el tema desde la perspectiva del ajedrez (y en el que se basaron Padgett y Ansell) concluye que a menudo los jugadores ganadores no se diferencian de los perdedores por su capacidad de predicción (es decir, no pueden ver más allá que sus oponentes en el árbol de jugadas futuras posibles), sino por su enfoque en reducir el número de jugadas posibles para sus oponentes mientras dejan abiertos el máximo número de opciones para sí mismos. Esto es lo que llaman los autores el principio de la «acción robusta», que no es otra cosa que una acción o respuesta que no puede ser prevenida o evitada por ningún oponente, porque nadie conoce ni las preferencias ni las restricciones del gobernante.

Nótese que la ambigüedad estratégica no es suficiente. Para ser completamente creíble, una estrategia así requiere que los intereses propios del gobernante sean ambiguos, es decir, que sea imposible deducir cuáles son los objetivos últimos del líder. Cosimo, haciendo uso de sus múltiples facetas como banquero, como político y como jefe de la familia Medici, nunca dejaba claro bajo qué rol estaba actuando. Además, como se dijo antes, la familia Medici tampoco representaba una serie de intereses homogéneos.

Naturalmente, el éxito de la estrategia de las señales polivalentes y las acciones robustas depende mucho del contexto. En esto el estudio de las redes sociales que conformaban las diferentes facciones de la política florentina es revelador. La red configurada alrededor de los Medici tenía dos características clave: primero, los seguidores de los Medici provenían de clases sociales muy distintas, lo cual dificultaba la formación de alianzas y coaliciones entre los distintos intereses; segundo, los seguidores de los Medici provenían de barrios diferentes, lo cual explotaba la dimensión geográfica. Esto ocasionaba que, al contrario que otras facciones florentinas, las relaciones entre los Medici y sus aliados se estructuraban en una red de forma radial, con un nodo central (la familia Medici), del cual partían numerosas líneas que lo conectaban (a través de intereses comerciales o matrimonios, por ejemplo) con el resto de nodos, de forma que los seguidores de la facción solo podían relacionarse entre ellos a través del nodo central, creando una situación de dependencia total e impidiendo la creación de alianzas alternativas. La facción contraria a los Medici, la de los oligarcas, tenía una red con intereses mucho más homogéneos y conectados entre sí, lo cual reducía radicalmente el poder de negociación del nodo central y abría la puerta a la revuelta de los nodos periféricos.

Abro un pequeño paréntesis para decir que esta clase de estrategia no tiene por qué ser intencional. Hay ocasiones en que el gobernante más incompetente y el más astuto tomarán el mismo camino, uno porque es lo único que sabe hacer y otro porque es consciente de que es la mejor estrategia. La intencionalidad es independiente de la efectividad de la estrategia en este sentido (conviene tener esto en cuenta cuando pensemos en casos más cercanos en tiempo y espacio). Los análisis de la época, por ejemplo, sugieren que en un principio Cosimo se encontró con la situación por accidente, pero que más adelante existió más intencionalidad en su estilo de gobierno.

Como bien apunta Márquez, estos patrones de gobierno siguen existiendo, y no hay nada que nos haga pensar que la idea de las señales polivalentes y las acciones robustas no se pueda aplicar a la democracia. Es más, se podría argumentar que el auge de los partidos catch-all que intentan agrupar a coaliciones cada vez más diversas tienen problemas similares que pueden conducir a situaciones donde se den liderazgos pasivos cada vez más a menudo. A todos se nos pueden ocurrir ejemplos más o menos cercanos, quizá hasta en el caso de nuestro país. A Rajoy a menudo se le critica por procrastinar todas las decisiones importantes, siendo quizá el caso de la consulta catalana el más relevante.

A priori diría que esta clase de estrategia no tiene por qué funcionar o fracasar. Donde los Medici tuvieron éxito, si por éxito entendemos la supervivencia de la coalición gobernante, otros salieron escaldados. Dos factores quizá sean clave. Primero, el periodo de Cosimo sentó las bases para el crecimiento del poder político de Florencia, abriendo la posibilidad de la distribución de rentas para mantener a la coalición heterogénea unida. En Europa, y en España en particular, la situación es opuesta. En tiempos de estancamiento y recesión, cualquier transferencia de renta es un juego de suma cero. Por lo tanto, las estrategias de acción robusta correrían el peligro de romper la credibilidad del nodo central para satisfacer las necesidades contradictorias de la coalición. Segundo, cuanto más dura la partida de ajedrez, más se ven obligados los jugadores a revelar su estrategia, y por lo tanto sus preferencias y restricciones. A medida que esto ocurre, las señales polivalentes dejan de surtir efecto, y los grupos representados en la coalición pueden empezar a buscar nodos centrales alternativos que se ajusten más a sus intereses.

Fuente. http://www.jotdown.es/2015/01/liderazgos-pasivos-y-accion-robusta/


          

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