lunes, 8 de septiembre de 2014

Primeros análisis del fenómeno PODEMOS. Artículos

ANTONIO AVENDAÑO / 5 Ago 2014

Un fantasma, otro más, recorre el convulso mapa electoral de las Españas: es el fantasma de Podemos. Nadie sabe si Podemos, además de venir a secas, ha venido para quedarse. Lo que sí sabe cualquiera es que está asustando a mucha gente de los partidos de siempre. Y poniéndola nerviosa. Y dejando al descubierto no ya sus carencias, sino algo mucho peor: dejando al descubierto su impotencia.

La encuesta difundida ayer por el CIS confirma lo que veníamos sospechando: que la ciencia demoscópica es fiable como retratista pero nada de fiar como vidente, con la particularidad de que su prestigio le venía precisamente de sus dotes como vidente, no de sus virtudes como retratista. Podemos ha venido y nadie sabe cómo ha sido.

Cosas que dice la encuesta de ayer del CIS. Una: que el PP acentúa su ventaja sobre el PSOE pero no por mérito propio sino por demérito ajeno. ¿Y qué, acaso deja por eso esa ventaja de nueve puntos de ser una ventaja de nueve de puntos? Por supuesto que no, pero se trata de una ventaja inestable y poco de fiar. De abril a julio el PSOE baja cinco puntos, UPyD tres, Izquierda Unida lo mismo y el PP dos. Aparte de ERC, pues las razones de ERC son estrictamente locales, únicamentePodemos sube de manera espectacular: espectacular incluso en relación a la ya espectacular subida experimentada en las europeas del 25 de mayo y que los videntes demoscópicos no llegaron siquiera a sospechar.



PODEMOS TAL VEZ NO SEA OTRA COSA, PERO LO PARECE

¿La subida de Podemos es por mérito propio o por demérito ajeno? La pregunta no es meramente retórica. De hecho, no es que sea una pregunta clave, es que es la pregunta clave. Hay, sin duda, un mérito propio en la ascensión de Podemos, pero hay mucho más un demérito ajeno. Y no tanto de las siglas concretas de PSOE o IU como de las siglas en general. Podemos es el único partido que no sufre la servidumbre de las siglas, y no sólo porque su nombre como tal no las tiene, sino por algo más importante: porque Podemos es otra cosa.

No es otra cosa, simplemente lo parece, protestarán indignados los partidos de las siglas. Vale: se acepta la moción, pero a condición de que los promotores de la misma admitan que mientras no le llegue esa hora de la verdad que es ponerse a gobernar, Podemos seguirá siendo lo que parece ser: un partido que dice no ser un partido, con un discurso que dice no ser un discurso y con un líder que dice no ser un líder. Podemos podrá seguir manteniendo esa triple ficción hasta que le llegue la hora -la mala hora- de gobernar.

El problema de las viejas siglas anteriores a Podemos es justamente el mismo pero al revés: han dejado de ser lo que parecían ser. Hasta el estallido y, sobre todo, hasta la dolorosa digestión de la crisis, eran partidos reconocibles, respetables, eran partidos con respuestas y con capacidad para materializar políticamente esas respuestas. Eran partidos que, si no mandaban, al menos parecían mandar. La crisis ha desvelado la más dolorosa de sus carencias: eran partidos nacidos para ejercer el poder a los que les ha sido arrebatada esa capacidad que era su razón misma de ser.

TOM REAGAN HABLA CON SU AMIGO LEO

Da un poco lo mismo que en el pasado tuvieran ese poder o no lo tuvieran: lo importante es que la gente creía que lo tenían. La crisis ha evidenciado que, al menos ahora, no lo tienen, que han dejado de tenerlo, que están a los mandos de un Boeing 747 pero ni marcan la ruta de la nave, ni deciden su velocidad de crucero, ni la cada vez más escasa tripulación bajo su mando da abasto para atender a las necesidades del pasaje.

Se lo dice el turbio Tom Reagan a su amigo Leo en ‘Muerte entre las flores’ cuando éste se indigna porque el alcalde corrupto, que hasta entonces comía de su mano, ya no acude temeroso y veloz a sus llamadas: “Leo, has mandado en esta ciudad porque la gente creía que mandabas en esta ciudad, pero ahora han dejado de creerlo”. Los partidos socialista y popular son el viejo Leo. El PSOE sospecha que puede serlo, pero el PP ni se lo imagina: todavía cree que el fenómeno de la impotencia política de los partidos es un hecho que no va con él.

¿Y dónde queda aquí Izquierda Unida? Nadie lo sabe. Sus líderes están en estos momentos paralizados por el pánico, como el esposo algo gordo y cansado cuando sorprende atónito a su mujer charlando demasiado animadamente con un tipo mucho más joven y atractivo que él. Puede hacer algo contra los kilos, pero nada contra los años y casi nada contra el cansancio.

BANDERAS DE NUESTROS PADRES, PROTESTAS DE NUESTROS HIJOS

Los principales dirigentes de IU todavía son comunistas y, lo que es peor, lo parecen. Los de Podemos tal vez lo sean, pero desde luego no lo parecen: si lo parecieran no tendrían un 15 por ciento de respaldo electoral en las encuestas. Podemos tal vez no sea el 15M hecho partido, pero es eso exactamente lo que parece: la materialización orgánica del 15M. Por eso es mirado con tanta simpatía y suscita tantas esperanzas: porque ha sido capaz levantar del polvo y hacer flamear de nuevo la indignada bandera donde las asambleas populares del 15M bordaron la palabra NO.

El programa político del 15M podría resumirse en el grito ¡Que alguien haga algo de una maldita vez, por dios! Podemos es la más fiel traducción electoral de esa frase. La gente los apoya porque son el partido que con más sencillez, sinceridad y convicción conjuga esa frase. No los apoyan porque vayan a hacer eso que dicen: los apoyan porque lo dicen de una forma que que ningún otro partido había dicho hasta ahora.

Para salvar esa comprometida situación, IU sueña con imitar a Podemos y el PSOE sueña con imitarse a sí mismo, con imitar su mejor versión, la de aquellos primeros ochenta cuya estela viene apagándose melancólicamente desde hace años, pese a que la estrella fugaz que fue Rodríguez Zapatero hiciera a muchos pensar lo contrario. Pedro Sánchez quiere recuperar el brillo moderno de aquellos años, el prestigio mate de aquella década. Pero para eso necesita tiempo y él no lo tiene. En la próxima encuesta del CIS se la juega.



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El 'nuevo patriotismo' de Podemos, la extrema derecha y la clave de la política

–El miedo a perder lo poco que se tiene porque se pierde muy rápido lleva a confundir al enemigo, lleva a competir en todos los espacios. Es un mecanismo que salta solo. El penúltimo contra el último… Por eso hay  que recuperar la movilización, recuperar los vínculos fuertes y estar en todas partes para que no haya espacios para la extrema derecha.

–Tu problema no es la extrema derecha. Olvídate de la extrema derecha. Tu problema es tu país, y tu pueblo. Olvidaos de la obsesión por la extrema derecha.

La conversación tuvo lugar entre Teresa Rodríguez, eurodiputada de Podemos, y el profesor de Ciencia política Jorge Verstrynge durante un debate en Fort Apache, el programa televisivo dirigido por Pablo Iglesias. Allí estaban, además de la militante de IA, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, los dos referentes ideológicos de la formación, junto con tres académicos que han influido notablemente en sus ideas y en sus carreras profesionales: Ramón Cotarelo, el padre putativo de Juan Carlos Monedero, Verstrynge, un politólogo muy cercano a Pablo Iglesias y Manolo Monereo, el miembro de la ejecutiva de IU con el que cenaron la noche antes de que Podemos viera la luz para contarle de primera mano la iniciativa. En otras palabras, en el debate estaban presentes quienes están trazando la estrategia de la formación y quienes más han influido en ellos.

La patria no es sólo una forma de reivindicar viejas tradiciones, sino de buscar seguridad en un mundo sin certezas

El programa fue también especial porque abordaba un asunto esencial, el auge en Europa de la extrema derecha. Para el partido liderado por Iglesias es un tema crucial, porque esas fuerzas son sus claras competidoras a la hora de recoger el voto del descontento, y lo es además socialmente, porque están creciendo de forma significativa: en las últimas elecciones europeas, el Frente Nacional de Marine Le Pen, el UKIP de Nigel Farage, la derecha croata y el ultraderechista Partido Popular danés fueron los más votados en sus países, al mismo tiempo que aumentaban los apoyos para formaciones de ese corte ideológico en Grecia, Finlandia, Hungría, Chipre, Lituania o Letonia.

El mapa político europeo está redibujándose a partir del desgaste social, de la descreencia en el sistema y de la desconfianza en sus actores, lo cual no sólo está provocando la aparición de nuevos partidos, sino la utilización de ejes políticos que den respuesta a los nuevos problemas, y líderes como Marine Le Pen o Nigel Farage están adaptándose con gran éxito a los nuevos lenguajes y a las nuevas propuestas. Pablo Iglesias se preguntaba en el programa cómo el británico y la francesa les habían podido robar el protagonismo del debate en el europarlamento, y lo cierto es que esa pregunta deberían contestarla las fuerzas políticas institucionales, que todavía deben estar pensando qué ha ocurrido para que ellas hayan perdido tanto apoyo social y lo hayan ganado estos partidos emergentes.

Las élites cosmopolitas y los que se niegan a cambiar

Ese éxito suele ser mal digerido y peor entendido desde la izquierda, que echa mano a menudo, y también ocurre en el programa, de viejas explicaciones que poco aportan a la comprensión de la nueva realidad. La utilización de términos como fascismo, los calificativos como “perros del capitalismo”, o el recurso al racismo y la xenofobia (“instigan el odio del penúltimo contra el último”) estorban más que ayudan en el conocimiento de la realidad.

Eso, en definitiva, es lo que ponía de manifiesto Verstrynge cuando decía que la extrema derecha no es el problema. Los populismos del siglo XXI han surgido como respuesta a un cosmopolitismo peculiar, sostenido en instituciones internacionales que van desde la UE hasta el FMI, defendido por políticos como de Guindos, Renzi, Cameron o Manuel Valls y que se apoya en una serie de discursos vitales que subrayan los beneficios de un mundo globalizado. Si estás en el lado afortunado, aseguran, este nuevo mundo te permitirá vivir mil experiencias, participar en proyectos interesantes en cualquier lugar del mundo, conocer otras culturas y desarrollarte profesionalmente y como persona en los contextos más propicios. Si has caído en el lado malo, como ocurre a la mayor parte de la población,vivirás ligado al territorio, tendrás trabajos poco cualificados con retribuciones en descenso y tu nivel de vida irá a menos.

En ese mundo de dos direcciones, la mayor parte de las poblaciones europeas se ven en el lado de los perdedores, estableciéndose, como dice Monereo, “una separación evidente entre el cosmopolitismo de las élites y el nacionalismo de los pueblos”. Justo en el instante en que el Estado nación muestra su mayor debilidad en siglos (superado por arriba por los flujos financieros, a los que no puede poner barreras, por las instituciones internacionales que les restan funciones y por la pujanza de las regiones que, apoyadas o no en un sentimiento nacional, tratan de sacar ventaja de un mundo mucho más fragmentado) Le Pen o Farage, como antes hizo Chávez, levantan las banderas de la patria no sólo para reforzar el orgullo nacional, sino como símbolo de resistencia a ese mundo que les está dejando atrás.
Los partidos populistas han hecho dos cosas para lograr sus objetivos, identificar a los responsables y dar seguridad ofreciendo esperanza y protección

La nación no es únicamente, en cuanto discurso, un modo de reivindicar viejas tradiciones, sinouna forma de defenderse de una dinámica económica que no les es propicia. En Gran Bretaña la población empobrecida suele ser de clase trabajadora, residente en los suburbios y de mediana y tercera edad, justo la que más favorable podía ser a los postulados de la izquierda. Ésta, sin embargo, ha olvidado estos elementos, y juega la baza de un europeísmo cosmopolita que la aleja de sus bases a pasos agigantados, y el PSOE es un buen ejemplo. No es extraño que Errejón saque a relucir en un momento de la conversación a Thomas Frank y a su libro What’s the matter with Kansas, en el que mostraba cómo las clases populares y las medias bajas habían sido abandonadas por unos políticos progresistas que las contemplaban desde el desprecio por no haber sido capaces de cambiar y de adaptarse a los tiempos.



"El nacionalismo español es terrible"

Verstrynge propone como paso adelante para combatir a las fuerzas populistas de derecha (y de paso recuperar presencia en esos estratos sociales) el retorno del Estado nación desde una perspectiva de izquierdas, de“una nueva patria para el pueblo”. Monereo insiste también en esa opción, pero sin dejar de subrayar la principal dificultad, como es “la patria que tenemos que defender frente al enemigo de la patria”.
Thomas Frank, autor de 'What’s the matter with Kansas?'Thomas Frank, autor de 'What’s the matter with Kansas?'

En un mundo sin certezas como el nuestro, en el que no sabemos muy bien qué vendrá a continuación, los partidos populistas han hecho dos cosas para lograr sus objetivos, identificar a los responsables y dar seguridad ofreciendo esperanza y protección. Hasta ahora, Podemos ha tenido mucho éxito en el primer escalón, pero muestra evidentes déficits en el segundo.La formación está en ese punto en el que puede dar el salto definitivo para consolidarse como opción de gobierno o quedarse en un lugar políticamente secundario, un dilema que quedará solucionado cuando se vea si además de canalizar el descontento, son capaces de conectar con amplias capas de esa gente común a la que dicen representar.

La propuesta que plantean Verstrynge y Monereo es una opción muy útil para pasar al segundo nivel, al llevar hacia la izquierda estos elementos populistas, mezclando nacionalismo, defensa del Estado de bienestar y elementos proteccionistas que devuelvan palancas de acción a los Estados, pero hay evidentes problemas en nuestro país para implantar esta visión. El primero lo subraya Monereo cuando afirma irónicamente que “en España siempre hemos tenido dos nacionalismos, los buenos y los malos, los que tienen caché y los que no, y los buenos son los de las nacionalidades históricas mientras que el español es terrible”. El segundo problema es el táctico, porque quien decide apoyar el nacionalismo catalán y el vasco ganan adhesiones en esos territorios pero los pierde en el resto de España y al revés. El tercero es cultural: la izquierda no ha sido muy favorable a utilizar términos como patriotismo, y es un tabú que debe romper aún.

Hasta ahora, la idea de Podemos ha sido la de evitar este asunto, tratando de articular un eje discursivo que le permita escapar del dilema de los nacionalismo. Pero lo que está en juego va más allá: el problema de fondo al que alude la patria en la era del populismo es el de la certeza y la seguridad, el de devolver bases estables a una sociedad que sobrevive a base de apuntalar continuamente estructuras poco firmes. El patriotismo populista es una buena forma de solucionarlo. Hay otras, pero hay que optar por alguna, porque hay que dar respuesta a la demanda más insistente de las poblaciones europeas. Esa será la clave de la política en los años próximos.

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Los ricos votan a PODEMOS

La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas arroja ciertas raras verdades a la cara. Una de ellas es que los empresarios y ejecutivos de alto nivel, la gente con mayor poder adquisitivo, coloca a Podemos, empatado con el PP, como su opción política preferida (17,7). La gente con estudios superiores eleva, con diferencia (Podemos: 14,4, PP: 10,6, IU: 6,4, PSOE: 5,4), al partidillo de los perroflautas a la cima de un gobierno ilustrado. Bajando la escalera académica, el PSOE es la fuerza mayoritaria entre las personas sin estudios, y el PP arrasa en el marco de los que solo han alcanzado la enseñanza primaria.

Asombra a los poetas la métrica alocada de estos datos sobre intención de voto directo. Habrá otras variables, pero me estoy refiriendo solo a la pregunta de a quién votarías tú si las elecciones se celebrasen hoy (del 1 al 9 de julio). Las personas más dañadas por el sistema son las que votan sistema, mientras que los más favorecidos son los que quieren quebrar, subvertir, dinamitar el sistema. No uso la palabra casta por si Pablo Iglesias la ha registrado en la sociedad de autores y me encaloman.

wertTambién asombra que la gente con ninguno o escasos estudios sea la que apoye, mayoritariamente, al partido deJosé Ignacio Wert, devorador del acceso universal a la enseñanza, caníbal de la investigación y la inteligencia, adalid de la ignorancia y de su propia zafiedad.

Analizar los datos del CIS es, en resumen, una invitación a la nostalgia de aquello que fue la clase obrera, que hoy en Europa se lepeniza y en España se queda en chiste de Lepe.

Lo que le pasa al obreraje español con el socialismo y el comunismo es lo mismo que le sucedía a la prostitutaLouise Villedien cuando el maldito Baudelaire la llevaba a ver esculturas en el Louvre: la putilla se tapaba los ojos, escandalizada, ante la visión de los desnudos masculinos.

No hay nada más triste que un pobre que se suicida por amor al explotador, que la visión de un analfabeto quemando un libro, que el gesto de una puta que se tapa los ojos avergonzados ante la tamaña discreción del pene del David de Miguel Angel. Son como esas ballenas que, por razones ignotas, se tumban en las playas para morir asfixiadas. La belleza del suicidio se pervierte cuando no la dibuja el individuo, sino una especie o una clase social. Cual es el caso.

baudelaireEl voto de las gentes mayores de 55 años se va hacia la urna seca del PP y el PSOE, partidos capaces de pactar como prioritaria la cura del cáncer de un banco sobre la cura del cáncer de un niño o la pensión de un anciano.

Ahora va a resultar que la revolución la van a tener que emprender los ejecutivos, los empresarios, los universitarios y los altos directivos, nos dice el CIS, con lo que la revolución va a oler demasiado a Chanel 5 como para parecer cierta o verdadera.

Eso no quiere decir que esta revolución de peluquería no sea honesta, sino todo lo contrario. Los que más tienen y los que más saben votan el recorte de sus privilegios, mientras que los que menos tienen y los que menos saben votan aBotín. Me recuerda el obrero español al esclavo de Lo que el viento se llevó, que anhelaba seguir esclavo y se jugaba la vida y la dignidad por la señorita Escarlata.

Voy a escribir algo que seguramente sea falso o incierto, aunque no insincero, porque mi formación es bien liviana, menos poblada de pensamiento que de ficción. Pero acuso a los partidos de izquierda y a los sindicatos de haber descuidado la formación del pueblo, de haber silenciado la letra sin sangre de la calle, el ideario y la cultura de las asociaciones de vecinos y los bares, el caminar con el obrero por parajes que no sean alfombrados. Y eso es lo que sí ha hecho el 15-M, o sea, el germen de Podemos. Y por eso va a pasar lo que ya está pasando. Que es encantador como todo lo incierto.

Vemos que el voto a la derecha (PP y neo-PSOE) nace de la inacción social estupidizante que durante 35 años han practicado PSOE, IU, PCE, CCOO, UGT, etc… Del miedo de sus dirigentes a volver a ser obreros, a volver a cargar palés de ladrillos siendo más cómodo sentarse en los consejos de administración de los bancos. El día en que estos partidos y sindicatos expulsen, tras juicio público y sumarísimo, a los militantes que participaron en ese expolio de las cajas desde sus consejos de administración, y a los dirigentes que lo consintieron, ese día, quizá recuperen un primer atisbo de credibilidad. E incluso algún voto honesto.

Tenéis lo que os merecéis, compañeros. O sea, nada. Parafraseando la canción: adiós para casi siempre, adiós.

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Todos los caminos llevan a PODEMOS

Javier Gallego 

07/09/2014 

De un tiempo a esta parte, todos los caminos conducen a Podemos. Todas las conversaciones acaban en Podemos. Todos tienen en la boca a Podemos. Todos tratan de parecerse a Podemos. También los que no quieren que se les confunda con Podemos. Incluso los que detestan a Podemos. Especialmente los que más les critican. No quieren ser Podemos pero quieren lo que Podemos tiene. Ese no sé qué que le hace irresistible. El efecto Podemos. El efecto dominó de Podemos que genera una reacción en cadena en el resto. Todos se mueven al ritmo que marca Podemos, al ritmo de la marca Podemos. Los de un lado de la pista y los de otro.



La parejita bipartidista es sorprendentemente la que más le baila el agua, la que más trata de copiar los pasos de Pablo Iglesias y sus bailarines. Al mismo tiempo que les ponen a parir, tratan de imitarles a toda costa. De golpe y porrazo se les llena la boca con la palabra “regeneración”. Ahora de pronto se han acordado de limpiar el sistema y regenerar la democracia. Los que la han arrastrado por el lodo. Los que la han emponzoñado, ahora quieren ser los deshollinadores. Manda güevos, Trillo dixit.

PP y PSOE bailan pegados como Sergio Dalma y se esfuerzan por tocar la música de Podemos. A su manera, claro, que diría Sinatra. El PP ve que le echan de la pista y pide la canción de la regeneración para intentar mantenerse en el concurso de baile. Para ganarlo haciendo trampas. La regeneración es la coleta que le han puesto al pucherazo que quieren dar en las municipales para disfrazarlo de renovación política. Para disimular su caída y para disimular la triquiñuela ante los espectadores. En esto aparece Gallardón prometiendo una espectacular reducción de aforados que sabe que no puede cumplir. Por si cuela. Pero no cuela.

El PSOE ni disimula. Ha buscado un Pablo Iglesias en sus filas y le ha salido un Pedro Sánchez. Si hay un partido que se mueve a la estela de Podemos es el socialista. Saben que se desangran por la herida de los recién llegados. Rubalcaba se tuvo que ir porque llegó Iglesias. Y ahora Pedro Sánchez no hace más que repetir que él es “nueva política”. El mantra de Podemos. Pero cuando lo canta un antiguo consejero de la Cajamadrid de Blesa y un hombre que tiene a Felipe “Gas Natural” González como referente, la melodía suena desafinada. Tampoco cuela.

Al otro lado de la pista están los eternos aspirantes. UPyD hace como que no va con ellos porque no quiere admitir que Podemos ha ocupado el espacio que han perseguido todos estos años sin éxito. Ese espacio indefinido que no es ni de izquierdas ni de derechas. Pero el votante socialista ve a Rosa Díez como a una tránsfuga y a la derecha le gusta que se llame a las cosas por su nombre. Por eso al partido magenta no le ha terminado de funcionar. A Podemos sí porque hay una izquierda harta de perder y un votante socialista harto de que le tomen el pelo. Rosa Díez no se quiere enterar, yeyé, de que Podemos la ha enterrado. No se quiere enterar, yeyé, de que Podemos le ha quitado el sitio. Rosa Díez es de Podemos y no lo sabe.

Y en la izquierda, IU, EQUO, etc, quien más, quien menos, está esperando a Podemos. Esperando a Godot a ver si confluye o va por su cuenta. Entretanto, la izquierda es muy de enredarse en debates internos. De siglas, de ideas, de egos. Debates algunos muy necesarios, otros cansinos. Con el rabillo del ojo, algunos le hacen ojitos a los Iglesias, Errejón y Monedero a ver si les sacan a bailar, para luego hacerse los interesantes. Pero no están en posición de hacerse querer sino de que Podemos les saque a la pista para ganar. Creo que a Podemos le vendría bien hacerlo para aprovechar las bases y la estructura que ellos no tienen. Además es de justicia histórica. Y ayudaría a modular el endiosamiento que puede provocar un éxito tan vertiginoso. Que todos te quieran o quieran parecerse a ti, incluso los que te odian, envanece. Cuidado.

Cuidado con dejarse querer tanto que al final te lo crees. Podemos puede permitirse marcar el ritmo porque ahora suena su canción. Todos pierden y Podemos gana. Es el único que puede esperar a los fallos de los contrarios. A ellos se les perdonan los suyos, la indefinición, las contradicciones, los resbalones, los silencios. Pero cuidado también con creerte infalible y cuidado porque están en la cresta de la ola, la ola sigue creciendo y cuanto más alta más peligrosa. Están generando la misma ilusión que el PSOE del 82 y ya sabemos cómo terminó aquello. Si no saben surfear la ola con cabeza, si se les sube a la cabeza, no solo ellos, también la izquierda y la ciudadanía más luchadora sufrirán una caída de la que pueden tardar otros 30 años en levantarse.


Hasta que el cuerpo aguante - Mago de Oz:


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