jueves, 20 de junio de 2013

Dirección de las revueltas turcas

Causas reales de los disturbios

De esta manera, los ‘mass media’ centran toda la atención en la disyuntiva islamismo-laicismo y autoritarismo-democracia, llevando a cabo un análisis simplista y parcial de la realidad que vive estos días el país euroasiático.

 Y es que para poder analizar con mayor profundidad la reciente revuelta popular en las calles de ciudades como Estambul o Ankara, habría que adoptar algo más de perspectiva y poner la lupa en las políticas socioeconómicas que el Ejecutivo viene desarrollando durante estos últimos años.

 El Gobierno de Erdogan, integrado por el Partido Justicia y Desarrollo (AKP), irrumpe en el poder en el año 2002 en un contexto de crisis económica (crisis financiera de 2001) donde acuerda un programa de medidas de claro corte neoliberal con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que pasan por la privatización del sector público, reformas laborales y drásticos recortes sociales.

 Un año después de llegar al Gobierno, en 2003, se abre el camino a la privatización de la empresa pública de telecomunicaciones Turk Telekom. Al año siguiente, en 2004, se ponen a la venta compañías de licor, fábricas de acero y Aerolíneas Turcas.

 Desde entonces, se inicia un proceso que no tiene marcha atrás: En 2007, se da luz verde a la privatización de la compañía pública de tabacos de Turquía, Tekel. En 2008, es el turno de la red eléctrica, con la venta de dos compañías de distribución en Ankara y Sakarya-Kocaeli. Además, ese mismo año se anuncia la venta del banco de propiedad estatal Halkbank y la privatización del 15 por ciento de las acciones de Turk Telekom.

 En 2009, el Gobierno aprueba una legislación para otorgar el agua de los ríos, los lagos y los estanques a las corporaciones privadas. Esto significa que los recursos hídricos pueden transferirse a corporaciones, que hasta el momento sólo controlaban los servicios de distribución.

 Debido a esto, la Confederación de los sindicatos campesinos turcos, Çiftçi-Sen, junto con más de 100 otras fuerzas de oposición social que defienden el reconocimiento del derecho al agua, forman una plataforma llamada “No a la comercialización del agua” y se manifiestan masivamente el 15 de marzo de 2009 en Estambul, en el marco del Foro Mundial del Agua.

 En 2011, el Gobierno de Erdogan inicia las negociaciones para la privatización de 2.000 kilómetros de autopistas y puentes del país. De esta manera el Ejecutivo turco pretende ceder al capital privado hasta nueve carreteras de peaje y dos puentes sobre el Bósforo, vías de comunicación muy importantes en el área de Estambul.

A través de la llamada “Administración de Privatizaciones” (OIB por sus siglas en turco), Erdogan busca tirar adelante un paquete de privatizaciones en el país que incluye el textil, la minería, el petróleo, la alimentación o el transporte marítimo, entre otros.

 En febrero de ese mismo año, 10.000 personas se manifiestan en el centro de Ankara en rechazo a la reforma laboral del Gobierno, que entre las medidas, destacan la reducción del salario mínimo para los jóvenes, la posibilidad de traslado de los funcionarios y permite la contratación de empleados sin seguro social. Muchos de los allí presentes corean gritos de “Esto es Ankara, no el Cairo”, “Tayyip ha llegado tu turno” y “Tayyip, te deseamos un final feliz como a Mubarak”.

 Las directrices neoliberales aplicadas durante estos últimos años han generado un aumento de la desigualdad social en el país. Según la revista Forbes, en Estambul, capital financiera de Turquía, había un total de 35 multimillonarios en marzo de 2008 (en comparación con 25 en 2007), situándose en el puesto 4º en el mundo. Un informe para empresarios interesados en invertir en Turquía elaborado por el banco español Banesto asegura que “el país está marcado por la existencia de fuertes desigualdades de rentas”. Muchos empleados en Turquía no cobran más del salario mínimo de unos 570 dólares y el ingreso per cápita es casi la mitad que los ingresos medios europeos.

Quizás este conjunto de factores ayude a explicar el malestar social que ha dado origen a los disturbios que hoy vive Turquía, más allá del enfoque liberal que se pretende dar desde la prensa de Occidente.

Desarrollo del estallido social


Durante los últimos días hemos sido testigos de uno de los acontecimientos más importantes de la historia reciente de Turquía. Lo acaecido en el país otomano es la constatación del sentir de un pueblo hastiado por un gobierno asentado en el despotismo y la represión sistemática contra cualquier tipo de disidencia, desde jóvenes manifestantes hasta periodistas “molestos” para el régimen de Erdogan. Lo que en su fase inicial fue una reivindicación pacifica con tintes ecologistas ha derivado en una lucha violenta por la defensa de los derechos de un pueblo oprimido y sediento de libertad. No obstante, el desarrollo de diferentes particularidades como la privatización de empresas y espacios públicos, el servilismo a los Estados Unidos de América, las restricciones respecto a varios asuntos de la vida cotidiana de los turcos como el consumo de alcohol, el sustento del Estado turco a los terroristas que actúan en Siria, o la certeza por parte de toda la oposición de que el gobierno está acabando con el Estado laico han sido algunas de las causas por las que la chispa del parque estambulita de Gize se ha convertido en una llama que ha prendido fuego a lo largo de la totalidad del territorio turco. Desde el principio del estallido, un conjunto social ampliamente heterogéneo que engloba a diferentes sensibilidades -desde comunistas hasta nacionalistas turcos- está enfrentándose a las fuerzas de coerción del régimen turco de manera desigual. La violencia utilizada por la policía otomana y algunos grupos afines al gobierno reaccionario de Turquía es tan brutal que varios manifestantes han muerto debido a la cruel y salvaje represión. Las hogueras iluminan las calles atrincheradas de las principales ciudades del país, mientras buena parte del mundo contiene la respiración, expectante ante los acontecimientos que están por suceder. ¿Soplan vientos de Revolución, o estamos ante una manifestación de rabia espontánea que pronto se extinguirá?

 En este ámbito, los comunistas turcos -entre los que se encuentra el TKP- han desarrollado un trabajo de intervención directa desde mucho antes del estallido, transformando las reivindicaciones espontáneas de las masas enfurecidas en fundamentos prácticos organizados bajo la constante masas-partido-masas, es decir, devolviendo las reivindicaciones de éstas de forma que el socialismo científico sea la fuente de la que beban buena parte de las movilizaciones en las que el TKP tiene presencia. Todo ello es la puesta en marcha de una táctica adecuada y coherente por parte de un Partido Comunista -con letras capitales- cuyo método de lucha se basa en las enseñanzas del marxismo-leninismo. He ahí una diferenciación clara entre el TKP y algunos partidos comunistas que dicen apellidarse marxistas-leninistas, pero que carecen de los métodos de intervención directa para transformar un movimiento espontáneo en un frente organizado, no por incapacidad -tal vez sí-, sino por negligencia y por obviar la gran oportunidad que el desarrollo de la historia les ha servido en bandeja. Cabe decir que el TKP aún tiene mucho que trabajar para seguir demostrando que está a la altura de las circunstancias, siendo de vital importancia que desarrolle -al menos de manera incipiente- órganos de poder detentados por la clase obrera y las otras capas populares. Asimismo, la convocatoria de huelgas generales es un avance cualitativo muy a tener en cuenta, sin olvidar el trabajo que otras organizaciones revolucionarias como el EMEP están realizando a lo largo de estos días.

 Como he mencionado anteriormente, estos acontecimientos están protagonizados por elementos de distinto signo. Turcas y turcos de diferentes clases sociales han afianzado una alianza interclasista para enfrentarse al gobierno liderado por el Primer Ministro Erdogan y su partido AKP, un partido de corte islamodemócrata
que forma parte del Partido Popular Europeo como miembro observador. Las reivindicaciones de los diferentes grupos van desde la lucha de la pequeña burguesía kemalista por un retorno a los principios clásicos de la República de Turquía hasta la eterna contienda entre los kurdos y el Estado turco, pasando por las exigencias económicas de la clase obrera y los sectores más oprimidos -recordemos que la fuerza de trabajo es pagada miserablemente en Turquía-, la disputa por un nuevo paradigma protagonizado por las organizaciones revolucionarias, o la constante riña entre el gobierno, los jueces, y el ejército otomano. A la vista está la tremenda dificultad que este desafío ofrece a los comunistas del TKP y a los sectores más avanzados de la clase obrera turca; las contradicciones entre los diferentes grupos de esta frágil alianza pueden estallar en cualquier momento, y la confrontación entre las diferentes facciones opositoras al régimen puede aparecer de manera inesperada. Por ello es de vital importancia que los comunistas tomen la iniciativa y actúen desde el epicentro mismo de las protestas, huyendo de un papel observador y codeándose por ser la voz cantante que transforme las reivindicaciones -recordemos una vez más- espontáneas de las masas en forma de socialismo científico.

Fuentes: http://lamanchaobrera.es/ , http://www.forocomunista.com/




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